sábado, 28 de diciembre de 2013

I wanna be for ever young.

Si tuviese que escoger qué palabra fuese mía, sería "adiós". Quizá no fue la primera que dije, pero es una de las que más he tenido que decir, de las que más han dolido, de las que más orgullosa me he sentido. Algunas veces quise que fuese solamente un "hasta luego" pero siempre han acabado siendo definitivos.
He dicho adiós a amigos, a familiares, a colegios, institutos, costumbres e incluso ciudades enteras. También a problemas, a personas que yo misma eché de mi vida, a miedos, a sueños. He dicho tantas veces adios, que ya podría hacerlo sin mover un ápice la boca, sin derramar una lágrima, sin temblarme el pulso. Dicen algunos que es una posición demasiado derrotista presuponer desde el comienzo de todo que tarde o temprano habrá un adiós, pero es demasiado difícil no pensarlo después de diecisiete años.
Pero hay algo a lo que no quiero decir adiós, a lo que no estoy preparada. No quiero decir adiós a lo que estoy viviendo ahora, no quiero decir hola a lo que viene por delante. No quiero. Y es que ha pasado todo tan deprisa que tengo la sensación de que a penas lo he rozado con la punta de los dedos. Hace a penas unos meses estaba escribiendo sobre Nuestros Años, sobre esto, y hoy parece que se está acabando. Dentro de seis meses, dos evaluaciones, veinticuatro Viernes, todo cambiará y habrá que decir adiós a todo lo que hasta ahora, era cómodo. Esa profesora que te preguntaba si veía que estabas distraído, ese rincón del patio donde se han debatido grandes temas con tus semejantes, esa mesa de ese Café donde cada semana te distraías de tus problemas, ese camino hasta ese parque donde cada mañana te encontrabas con una buena amiga. Todo eso formará parte de otra etapa, y sin darnos cuenta, seremos adultos. No más listos, no más responsables, no más preparados, sólo adultos. Y yo no quiero decir adiós a todo lo que hasta ahora me resulta familiar y seguro. Porque sé que todo eso no desaparece, seguirá ahí el mismo parque, el mismo Café, tu misma gente, pero ya nada será igual. 
Y si, sé que es tan inevitable como respirar, como equivocarse, pero realmente, sólo quiero ser siempre joven.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Time to change.

Mi pequeño paraíso, llevo tanto tiempo sin acercarme a ti que hasta me siento culpable.
Y es que este rincón del mundo ha sido siempre un escondite perfecto para todas esas palabras que, por miedo, preocupación o incapacidad, no he sabido decir en voz alta. El problema está en que hace mucho que no tengo miedo, que no siento preocupación y que me veo capaz de cualquier cosa.
Hasta ahora. 
Ahora hay algo a lo que mi cabeza sucumbe cada día, más bien cada noche, hasta que el sueño puede conmigo. Los cambios. Tan inevitables como respirar, como equivocarse. Tan inhóspitos como las selvas caribeñas. Tan inciertos como la suerte.
Hay gente que afronta los cambios como un reto. Yo era así de pequeña. Las personas así suelen sentirte vivos con los cambios y mueren ante la rutina, ante la certeza del futuro. Hace años, cuando aún era la única de mi casa a la que le apasionaba cambiar de colegio, de casa; me sentía angustiada cuando mis padres hacían planes por mi y me controlaban las decisiones. A día de hoy a veces extraño la tranquilidad de que mis decisiones las tome otro, y que en otro caiga el peso de los errores. El problema es que después de tantísimos cambios, y tantísimas horas de adaptación, ya no siento ninguna afinidad con ese tipo de gente.
También conozco gente a la que los cambios no les gustan. Simplemente les resulta más cómodo refugiarse en la rutina y así, no tener que pensar en qué pasara mañana, sabedores de que mañana será igual que hoy, y que ayer. Los cambios les resultan incómodos, pero los afrontan cuando no hay más remedio. Quizá también fui así hace años, cuando afrontaba la vida con pasividad convencida, erróneamente, de que sería como habían planeado para mi.
El problema es que ya no soy así. Supongo que habrá más gente como yo, que sencillamente sientan un miedo horrible por los cambios. Cinco colegios. Dos ciudades. Infinidad de situaciones en las que mi vida casi se da de nuevo la vuelta. Quizá realmente si tenga motivos para temer más cambios. O no. Pero así es. Siento verdadero miedo cuando veo que un cambio se acerca y no se cómo será mi vida después. 
No exagero cuando digo que en decenas de situaciones mi vida ha sido un caos. No sabría recordar cuantas veces me han sentado mis padres en el sofá de mi casa y me han dicho que algo pasaba, que algo iba a cambiar. Nunca fueron buenas nuevas las que llegaban en esas conversaciones. 
Y ahora se avecina un cambio. Uno enorme. El primero en el que mis padres no me sentarán en el sofá. El primero en el que realmente no puedo delegar mis decisiones. Mi primer cambio como persona adulta. Dentro de exactamente diez meses habré terminado el instituto y dentro de 20 días o menos, empezaré el último curso.
Me asusta, me abruma pensar que todo esto vaya a terminar. Llamarme loca, insensata o como queráis, pero para mi el instituto es una de las mejores cosas de lo que llevo de vida.
En cada colegio y en cada instituto de los cinco a los que la vida me ha llevado he encontrado cosas maravillosas, problemas enormes par alguien tan pequeña pero sobretodo, he encontrado personas que me acompañarán toda la vida. Y en diez meses se acaba todo.
Miles de preguntas llenan mi mente todas las noches. Tantas veces he soñado con que llegase esta momento, con comenzar mi carrera, con llegar a ser una escritora y una periodista... Y ahora es lo que me quita el sueño a diario. ¿ Será difícil? Si otros antes que yo han podido, ¿podré yo?. ¿Estaré a la altura para lograr mi sueño?, ¿dónde?, ¿cómo?. 
Demasiadas preguntas sin respuesta y macabramente me río de mi misma.
Yo, que me he hartado de presumir de independencia, de saberme cuidar. La niña que nació con cuatro años ya cumplidos, decía mi madre. Ojalá pudiese restarle ahora esos años y volver al pasado. 
Pero no puedo, el presente ya esta aquí. Y tengo mucho miedo. 
Porque quizá, esta vez, no sea suficiente con ser más fuerte que la lluvia. 

lunes, 17 de junio de 2013

Mi roll.

Siempre, en mi vida, hay una Belle Époque en la que resulta que alguien se cruza en mi camino, y por alguna razón, decide quedarse conmigo. Es una época bonita y  casi todas las veces me engaño a mi misma pensando que no va a pasarme de nuevo lo de la vez anterior, pero siempre me equivoco.
En esta vida hay gente hecha para ser importante, para decir "joder, esta persona me ha marcado", pero no todos pueden ser asi, y ese no es mi papel, mi roll es otro.
Siempre llega ese momento en el que me acabo sintiendo como un hotel malo de carretera. De esos a los que la gente solo va cuando sale desesperada de casa, sin maletas, con la única intencion de salir corriendo. Se sienta en la pegajosa barra de  mi bar a que escuche tristemente sus problemas y le de cuatro inútiles consejos que realmente sé que ni quieren ni sé dar. 
Ese acaba siendo mi papel. El de estar ahí cuando todos fallan, cuando el mundo se queda grande, cuando quieren escapar. Lo malo es que a todos se le dan más oportunidades, que el mundo vuelve a ser pequeño y vuelven a sentirse con fuerza, y entonces se marchan. Abandonan el viejo hotel de carretera, y creedme, no me quejo de ello, yo también lo abandonaría en cuanto dejase de ser imprescindible estar ahí. Pero eso no hace que sea menos doloroso volver a verme sola. 
Una y otra vez me reafirmo en pensar que, al menos se que esas personas nunca estarán solas, siempre me tendrán a mi cando todo falle, y me consuela saber que tengo un mínimo papel en sus vidas, aunque sea ese. Llamadme kamicace pero prefiero sentirme sola mil días y que al mil uno venga alguno de ellos, le ayude a levantarse, a quitarse las lágrimas, le diga "tu vales, yo sé que tu vales", y ver como se vuelve a comer el mundo, que la situación contraria y que ninguno de ellos se sienta sólo durante un escaso segundo. 
Y aunque se que en esta generalización estoy incluyendo a quien no lo merece, es la excepción que confirma la regla: ese es mi papel, es mi roll, y al menos eso se hacerlo bien.

domingo, 19 de mayo de 2013

He.

Me pregunta qué me pasa y yo ya no sé qué contestar. Un gran abanico de problemas y de temática con las que podría excusar mi desanimo se abre para mi pero es que ya no puedo mas. Una rápida y salada lagrima rompe con mis barreras y abre paso a otras tantas. No me quedan fuerzas, ni ganas, no me quedan. Suspiro y me tapo la cara con las manos, dejando que ahora las lágrimas vayan directamente a mis muñecas. 
Paso así segundos antes de que él me separe las manos y me abrace, dejando que empape su hombro con mis problemas. Me encamino al aseo y no me gusta lo que veo en el espejo. Esta no soy yo, esta no quiero ser yo. Yo era fuerte, lo era, de veras.  Abro el grifo para lavarme la cara, me quito el maquillaje corrido y suspiro de nuevo. Me asomo a la ventana del aseo y, aprovechándome de una fuerte ráfaga de viento,  inhalo una buena bocada de aire. Me quedo alli unos momentos, pensando, y los problemas empiezan a crecer de nuevo. Me estoy sintiendo muy sola de nuevo, así que vuelvo a su lado. 
Cuando llevo tiene una enorme sonrisa para mi, y las ganas de continuar se multiplicar por mil millones. Me siento de nuevo a su lado. "Lo siento, todo pudo conmigo" balbuceo, "cuando algo pueda contigo, estaré yo, ya no estarás nunca sola" me promete él.
Y poco a poco, abrazo a abrazo dejo de gimotear como una niña pequeña y me acurruco a su lado mientras mis problemas van menguando y yo voy sintiéndome más y más fuerte.

lunes, 13 de mayo de 2013

Real dream

Si hay algo que todos tenemos son miedos y sueños, muchos miedos y sueños.
Vivir con sueños es una de las cosas mas maravillosas que el hombre es capa de hacer, y es lo que hace que vivir merezca la pena. Hasta la persona más realista sueña despierta cuando nadie le mira, y a veces son esos sueños secretos y personales los que más felices nos hacen al cumplirse. Soñamos prácticamente desde el momento en el que existimos, y eso nos da fuerzas para afrontar lo que espera ahí fuera. Soñamos crecer, soñamos volar, soñamos tener, soñamos amar. 
Y entre sueños, a veces aparecen los miedos.Hasta la persona más valiente y más segura, la que primero afronta los problemas, tiene miedo. Hay miedos tan simples como mirar debajo de la cama al acostarnos, y miedos tan profundos como al olvido, a la muerte, al cambio. Nadie puede decir que nunca ha sentido cómo se le aceleraba el pulso por el miedo a ser rechazado, nadie puede jurar que nunca tambló cuando cogió velocidad por primera vez en un coche, nadie.
Pero de entre todos los miedos, si hay uno que realmente nos es común a todos, es el miedo a la soledad. Y es que, si existe una verdad universal en el mundo, es que a todos nos asusta quedarnos solos, no tener a alguien con quien cumplir tus sueños. Por eso, lo que realmente soñamos todos, lo que hace que valga la pema pasar por rodos los miedos habidos y por haber, es poder tener a esa persona durmiendo en nuestra cama al final del día.

martes, 16 de abril de 2013

Miedo.

Una vez, en una playa de este pequeño mar, sentada sobre unas piedras oscuras que se adentraban en el agua unos escasos metros, tuve la sensación de que alguien, al hablar, estaba explicando mis sentimientos mucho mejor de lo que yo era capaz. 
Me explicó la agobiante sensación de que todo se te queda pequeño, de que el futuro está demasiado cerca, de que las alas se te están quedando pegadas a la espalda de tantas veces que deberías haberlas batido y no has sido capaz. Pocas veces en mi vida he sentido tanta empatía por alguien en un momento, pero también han sido pocas las veces que nadie ha compartido esas sensaciones que más bien pensaba que eran fruto de un mal engranaje de mi cerebro.
De eso hace tres años, tres largos y hastiosos años tanto para esa persona como para mi. A día de hoy ella es mi mejor amiga, dentro de unos meses batirá tan fuerte las alas que le llevarán a mi punto de partida, y con ella, se llevará gran parte de mi. Ella y yo, soñadoras hasta el punto de inventarnos una realidad diferente para aquel idílico lugar. Esta claro que las cosas cambian muy deprisa. 
Lo que parece ser que no ha cambiado es esa sensación para ambas. A ella se le queda pequeño el mundo, y a mi se me queda pequeña mi propia persona. 
Esa angustiosa sensación ahora remite hasta mis propios huesos, y se manifiesta con un horrible nudo en la garganta, lágrimas como puños que parece ser lo único que mi cuerpo es capaz de proyectar, y unas ganas tremendas de sacarlo todo fuera. 
Mañana seré adulta, y eso me produce un tremendo miedo. Se cómo será mi vida, se qué será de mi, pero me asusta que esa parte de mi que fue capaz de crear Australia a medias, se convierta en una mísera partícula y acabe encerrada en ese cajón sin fondo donde poco a poco voy metiendo todo lo que he dejado de ser. Supongo que siempre quise ser una más de los Niños perdidos cuyas niñeras no reclaman cuando se caen del carrito. 
Pero sobre todas las cosas que temo, la primera de esa interminable lista es a mi misma. 
Temo tener miedo y salir corriendo, temo no saber dar más de mi y decepcionar, temo no estar cuando se me necesita, temo olvidarme de quien he sido y nunca llegar a saber quién soy, temo dejar de poder sacar todo lo que me obstruye la garganta llenando folios y folios como antes hacia, consiguiendo que alguien se estremeciese al leerlo, temo no soportar ver como ese cajón se va llenando a la par que yo me voy vaciando, temo ser testigo de la destrucción uno por uno de todos mis sueños. Me temo a mi, y a todo lo que sé que llevo por dentro. 

martes, 2 de abril de 2013

Right here, right now.

¿Sabes? El mundo es, a efectos prácticos, una oleada constante de problemas, un martilleo continuo de consumo y un torbellino infinito de pensamientos. Y en medio de todo eso, en las puertas de la que de pequeños creíamos que era la mas pura libertad y de más mayores nos damos cuenta de que es solo la responsabilidad de ser tú quién elige y quién sufre las consecuencias, estamos nosotros.
Nosotros, los que dicen que "ya tenemos una edad" pero no la edad suficiente, los que debemos "comportarnos como adultos" aún teniendo un niño correteando dentro de nuestro cuerpo, los que nos dicen eso de "ahí a fuera todo es muy duro" pero no nos dejan comprobar su verdad.
Suena agobiante y muchas veces lo es. Vivir entre dos existencias. La de ser un niño que sólo desea media hora más de libertad para salir con sus amigos, el que aún tiembla cuando sus padres le llaman por su nombre completo; y la de un recién estrenado adulto al que aún le queda grande la posibilidad de decidir dónde, cómo, con quién vivir su vida. Esa delgada linea de escasos cinco o seis años, esa etapa que todos tienen por la que será la más feliz de nuestra vida, nuestra amada adolescencia.
Pero es que ser adolescente muchas veces no es eso. ¿Acaso de verdad creen que nos pasamos el día penando en qué será de nosotros en un futuro? No. ¿O en qué podemos hacer para que no seamos castigados? Tampoco. Muchas veces, y hablo por la propia experiencia de una chica de dieciséis años con la cabeza llena de pájaros, el corazón a rebosar de sueños, el futuro aún incierto y mucha vida por vivir; los adolescentes nos limitamos a vivir lo que está sucediendo y es eso lo bonito de esta época, lo esencial. Equivocarnos, divertirnos, acarrear con las consecuencias después. ¿Si no te equivocas siendo adolescente, cuándo lo harás?
Y es que es en esta época cuando ya hemos aprendido que el fuego quema, que el hielo está frío, pero aún tenemos que aprender que no todo el mundo es quién dice ser, que los amigos van y vienen, que el amor no siempre es verdadero. Esta es La Época, Nuestra Época, y ¿sabéis qué? Nos toca vivirla.

jueves, 28 de febrero de 2013

Así era, así soy.

Mirando fotos antiguas he recordado aquella época en la que era su orgullo. Desde que empecé a andar y todos los ojos se posaban en lo rápido que crecía, fui la niña perfecta. La más inteligente, la más bonita, la más responsable. No era así, pero yo me sentía así. Era quien querían que fuese. 
Así estuve siendo feliz durante años. Me gustaba hace feliz a la gente que me rodeaba siendo como querían que fuese. No me planteaba la idea de que pudiese cambiar nada, ese era mi roll, era mi papel en la vida y a mi me valía. Era alguien, alguien de quien enorgullecerse. 
Pero un día me di cuenta de que esa persona no era yo. De qué aquella enana de rizos morenos y ojos pequeños no era lo que creía ser. 
Entonces, cuando deje de andar para empezar a correr, decidí que ya no iba a ser la lista, ni la bonita, ni la responsable, tan sólo iba a ser la real. Iba a ser yo misma, iba a equivocarme, iba a dejar de permitir que pensasen por mi, que decidiesen por mi. Cambie los ricitos morenos por una melena roja, hice que mis ojos fueran especiales por sus guiños a los problemas y tomé un camino que aunque bien lejos estaba de lo que tenían pensado para mi, me hacia sentir como no me había sentido nunca. 
Cambie ser la inteligente por ser la lista, la que sabía de qué iba la película. Cambie ser la bonita por la que no se preocupaba si a alguien le molestaba su pelo rojo. Cambie ser la responsable por ser la que hacia lo que creía justo, la que se lo jugaba hasta el último momento. 
Y se que ya no soy nada de lo que se sienta orgulloso, pero yo si me siento orgullosa de mi misma, y aunque mis méritos sean eclipsados por mis fallos, seguiré intentando hacer realidad mis sueños porque si algo no ha cambiado de entonces a ahora es que para mi los sueños son tan solo planes que algún día haré realidad.

jueves, 14 de febrero de 2013

Él.

A pesar de todo, esta él.
Podría pasarme horas narrando todos mis fallos, todas mis cagadas, todas mis malas decisiones, y a cada una os parecería aún más increíble que él las haya perdonado todas.
Y es que habiendo perdonado en su momento mi miedo más atroz a querer a alguien y mi incapacidad para darme cuenta de que mis palabras le hacían daño, que una vez juntos siguiese aguantando mi absoluta imperfección con tendencia a errar es lo que me  lleva a mirarle y, una vez sumergida en ese verde de sus ojos me pregunto "¿cómo es posible que aún me siga queriendo?". 
Sé sin lugar a dudas qué me respondía él si le hiciese esa pregunta en voz alta, y sonrío por ello. Ese "Cariño, te voy a querer siempre" entonado con su voz es mejor que la más perfecta sinfonía, llega más hondo que la más sentida nana, más maravilloso que cualquier canción de amor. 
Y además, no es que haya perdonado todos mis errores lo más increíble que él solo ha conseguido, sino que yo misma, débil, asustadiza, cobarde e incapaz por naturaleza de crear un futuro fijo, de tener las cartas echadas, de elegir hoy y mañana a no poder cambiar, me sienta suficientemente fuerte como para plantarle cara al mundo, valiente para no callar ni uno solo de mis sueños, y que quiera que ese futuro llegue, que esas caras lleven tu nombre, que pueda elegirte y así asegurarme que vas a estar siempre a mi lado. Nadie pensé que podría conseguirlo jamás. 
Y es por todo eso, por no entender por qué sigue aguantandome, por la sensación indescriptible que siento cuando superamos cada bache, por la felicidad en estado puro  que me invade cuando me cuida  y me promete que estará conmigo siempre, por haber dado un giro de ciento ochenta grados a mi vida y la haya llenado de la historia mas maravillosa que nunca he imaginado, por lo que sé que no es él, sino Él.

sábado, 9 de febrero de 2013

Doubts.

Prácticamente al pie del cañón de una lucha por los derechos de los más jóvenes, en un momento dado me paro y pienso si de verdad todo esto va a servir para algo. Quizá para el mundo no seamos más que un puñado de niñitos pegando gritos, quizá nadie entienda lo que decimos, ni compartan lo que opinamos,
Y la sensación ya en casa se torna igual. Me siento incapaz de hacer que nadie entienda mis frustraciones, mis miedos, mis ideas. Se que nadie confía en que vaya  decir nada de provecho, y por eso no me dedican sus oídos. Y es que ni siquiera yo se sí voy a decir algo así. Tres días a la semana me sient una niña muy pequeña en un mundo mu grande, me siento perdida y vulnerable. Otros tres días me siento una chica demasiado grande para un mundo tan pequeño, un mundo en el que ni de lejos caben mis sueños, mis ilusiones, mis expectativas. Y el séptimo día sencillamente no se quién soy. Sé que los que están por encima de mi también se vieron en la misma situación, pero supongo que cada época es un enfoque, y que cada persona es un mundo.
Una vez en clase lo que sucede es un sinfín de preguntas a las que no tengo manera de contestar. ¿Va a servir para algo todos mis desvelos?, ¿algún día seremos lo que realmente soñamos?, ¿sería otra salida más válida, más útil? Para muchos sonará exagerado decir que me está resultando casi imposible seguir hacia delante. Hace un año estudiaba porque tenía que hacerlo, era lo que me tocaba. Hoy la cosa es diferente, hoy tengo que ser la mejor porque de eso dependerá m futuro, y el de los míos, hoy tengo que seguir hacia delante con la incertidumbre de no saber cuál será el resultado. Miro a mis compañeros y pienso en los que se han quedado por el camino. Pienso en los que tiraron la toalla y me doy cuenta de que yo no soy más lista, ni más capaz que ellos. Torres las altas cayeron, y es me hace pensar si yo no seré la próxima, ¿cómo saber que no seré una de las que caigan antes de que haya terminado la guerra?

miércoles, 6 de febrero de 2013

Again.

Resopló, apoyó la cabeza en la vieja pared de ladrillo y allí, sentada en la acera de una calle que nada tenía de importante, lo confesó todo.
"Ha sucedido de nuevo. Me he engañado. Me las he dado de lista y en realidad sigo siendo la misma tonta de siempre. La misma que hace dieciséis años se meaba en los pañales y se pringaba comiendo. Creo que no he aprendido nada desde entonces.
Y hoy me han vuelto a dar una bofetada de esas que te ponen en tu sitio, y mi sitio está muy, muy por debajo del subsuelo. -Eres la última mierda, ¿qué coño pretendes poder arreglar en el mundo si no puedes ni siquiera poner en orden tu ideas? Das penica-. Si, ese sería el mensaje si las lecciones de la vida vinieran con guión, pero no vienen, y no las ves venir.
Creí tener respuestas para al menos esto, para estas cuatro paredes, para este puto juego que más parece una versión mala de Gran Hermano. Pero a la vista está que no. 
No tendría que sorprenderme. Tras mil fracasos, el siguiente solo marca una cifra más. Pero supongo que también hay cierto número de fracasos que cambian las cosas. Y esto me ha servido para ver lo que se me viene encima. Para ver que nunca seré capaz de llevar las riendas de mi vida, que seguiré necesitando esconderme en las faldas de mi madre cada vez que se avecine tormenta, que lloraré como llevo haciendo toda la vida cada vez que las cosas no salgan a mi antojo. Ha servido para darme cuenta de que la inutilidad, la dependencia, y la necesidad de que lo hagan todo por mi, será lo que me lleven a no conseguir mis sueños.
Suena triste, lo sé. Pero supongo que hay gente para todo. Gente para estar arriba, gente para estar abajo, gente para mandar, gente para ser mandada, gente capaz, y gente como yo."
Y tras aquella confesión, ya con la cara empapada en lágrimas y el cuerpo temblando ante el miedo que le causaba la verdad, se sintió increíblemente perdida. 

Alba Valerdi.

Algunos dicen que es problem de autoestima, pero yo creo que es problema de exceso de auto conocimiento. Me miro al espejo y veo esa pequeña e insignificante parte de la vida de la gente que resulta prescindible. Siempre ha sido ha sido a si, siempre he sabido que sería lo último que la gente arriesgaría para salvar lo demás. Pero luego, entre otras pocas, poquísimas personas, pienso en ella.
Pienso en la persona que desde un primer momento me enseño que todo era posible, que corrió conmigo calle abajo, descalzas, para dejar el mundo y a todos detrás. La que se echó al hombro una mochila un domingo de primavera para que ese fuese nuestro día. La que no admitía un "no es nada" por respuesta cuando fingía estar bien. La que vino a verme cuando yo no podía salir y las paredes se me caían encima. La que no me dejó atrás solamente por no salir de noche o vivir siempre castigada. La que me dijo que aún sin siglas, sin promesas, sin cuatro ruedas, ni triciclos, ni nada, siempre estaría a mi lado. La que respondió a todas mis llamadas de Socorro y me hizo viajar al otro lado del globo, a un lugar donde todo es idílico, donde los días duran cuarenta y ocho horas, un lugar que quedara siempre en un puesto especial en mi vida. La que entendió siempre mi necesidad de salir volando, de crecer en la vida, de ser alguien, de salir de aquí.
Ella me enseño que quien dijo que los amigos no tienen que verse todos los días, si no poder no verse sin olvidarse, tenía a veces razón. 
Ella es, sin lugar a dudas, una de las personas más extraordinarias que jamás he conocido, y por eso, si hoy le declarase la guerra al mundo, yo sacaría mis armas y me iría con ella. 
Nunca creí ser relevante en la vida de nadie, nunca creí ser suficiente como para que alguien, y más alguien como ella quisiese definirme como su amiga, pero entre todas las lecciones que me ha dado, la más importante para mi es que siempre podré contar con Alba Valerdi.

lunes, 14 de enero de 2013

Toma aire, vuela.

En un momento de distracción en clase, miras al cielo y te das cuenta de que su color azul es igual de añil por muy negro que tú veas el futuro o muy grises que sientas los días.
Y piensas.
Piensas en que sería muy sencillo ser uno de esos pájaros que vuelan sin más preocupación que cazar algún algo de comer y resignados a saber que morirán siendo presa de un animal más grande.
Pero no tines alas, ni plumas, en cambio tienes una cabeza poco organizada, un puñado de ideas en la cabeza y un miedo atroz a ver pasar tu vida y que todos tus sueños no lleguen a ser más que eso, sueños.
Y respiras.
Respiras porque sabes que es inevitable sentir todas esas cosas, sabes que se te comerán los gusanos con muchas ideas y muchos sueños aún en el tintero, sabes que nunca tendrás la cabeza organizada. Pero te sientes bien. Sabes que aún tienes la oportunidad de hacer posible lo imposible, de equivocarte, de reírte de tus errores, de soñar despierta, de vivir, de morir de amor, de llorar de la risa y reírte de las lágrimas, de correr, de parar y de cambiar el rumbo. 
Nunca podremos dejar de mirar al cielo y sentirnos libres, capaces, únicos, seguros, Porque como dijo William Shakespeare, "estamos hechos de la misma materia que los sueños". 
Y aunque eso no significa que no caeremos, sufriremos, lloraremos y nos sentiremos perdidos; podremos conseguirlo.
Porque igual que en una bandada de pájaros, cuando el líder se siente exhausto otro lo releva, tu tampoco estarás nunca sola, y aunque quizá haya gente que siga volando sin ti, siempre tendrás un par pájaros a tu lado que te digan "estaré siempre contigo", "todo es posible".