Si hay algo que todos tenemos son miedos y sueños, muchos miedos y sueños.
Vivir con sueños es una de las cosas mas maravillosas que el hombre es capa de hacer, y es lo que hace que vivir merezca la pena. Hasta la persona más realista sueña despierta cuando nadie le mira, y a veces son esos sueños secretos y personales los que más felices nos hacen al cumplirse. Soñamos prácticamente desde el momento en el que existimos, y eso nos da fuerzas para afrontar lo que espera ahí fuera. Soñamos crecer, soñamos volar, soñamos tener, soñamos amar.
Y entre sueños, a veces aparecen los miedos.Hasta la persona más valiente y más segura, la que primero afronta los problemas, tiene miedo. Hay miedos tan simples como mirar debajo de la cama al acostarnos, y miedos tan profundos como al olvido, a la muerte, al cambio. Nadie puede decir que nunca ha sentido cómo se le aceleraba el pulso por el miedo a ser rechazado, nadie puede jurar que nunca tambló cuando cogió velocidad por primera vez en un coche, nadie.
Pero de entre todos los miedos, si hay uno que realmente nos es común a todos, es el miedo a la soledad. Y es que, si existe una verdad universal en el mundo, es que a todos nos asusta quedarnos solos, no tener a alguien con quien cumplir tus sueños. Por eso, lo que realmente soñamos todos, lo que hace que valga la pema pasar por rodos los miedos habidos y por haber, es poder tener a esa persona durmiendo en nuestra cama al final del día.
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