Y entonces sucede. Todo acaba y empieza de nuevo. Empiezas a tener horas huecas que antes llenabas con algo que ya no tienes. Y duele. Empiezas a tener sensación de caer al vacío porque ya no te sostienen. Y qué vértigo. Empieza a costarte respirar porque el aire ya no huele como antes. Y qué soso parece el mundo.
Y llega la pena. Se te agarra al corazón con sus púas de nostalgia, haciéndote pensar que nada ni nadie será capaz de arracártela. Tu memoria te juega una mala pasada y todo está vivo, como si estuviese pasando en ese instante. Cada rincón, cada calle. Y como dijo aquella canción, "al final el dolor uno lo acurruca". Ahora sólo estás tú y tu dolor, y tu pena, y con tu nostalgia formáis un cuarteto indestructible. Ellos porque son duros como piedras, y tú porque ya estás rota.
Pero un día, sin previo aviso y sin pensar, quizá un martes trece, un catorce de febrero, un día de reyes, o un Lunes cualquiera, te das cuenta de que los recuerdos se están marchitando. Como esa flor que dejas de ver durante días y que guardas en tu mente viva y roja hasta que vuelves a encontrártela y sólo ves un mustio tallo. Y ya no te cuesta tanto andar, porque la nostaliga ya se ha ido, ya no quieres volver al pasado; ya no sientes pena porque ahora estás mejor; y ya no duele, ya te has curado. Y sin darte cuenta has pasado página. Lo que creías que sería siempre parte de ti como ese estúpido tatuaje que te hiciste con quince años sin permiso, se ha ido. Sigue presente, porque eres quien eres y eres como eres porque aquel día dijiste "adiós", o te lo dijeron a ti, y tomaste otro camino. Pero ya no duele, ya has olvidado, ya has pasado página, y ya no duele, ya no sientes vértigo, el mundo ya no parece tan soso.
Y piensas, ¿y si volvemos a empezar, qué tal?. Y te ríes. Te ríes de ti misma, y qué sano.
Take another chance
¿Qué más da lo que pase? Siempre tendremos otra oportunidad.
viernes, 13 de marzo de 2015
sábado, 28 de diciembre de 2013
I wanna be for ever young.
He dicho adiós a amigos, a familiares, a colegios, institutos, costumbres e incluso ciudades enteras. También a problemas, a personas que yo misma eché de mi vida, a miedos, a sueños. He dicho tantas veces adios, que ya podría hacerlo sin mover un ápice la boca, sin derramar una lágrima, sin temblarme el pulso. Dicen algunos que es una posición demasiado derrotista presuponer desde el comienzo de todo que tarde o temprano habrá un adiós, pero es demasiado difícil no pensarlo después de diecisiete años.
Pero hay algo a lo que no quiero decir adiós, a lo que no estoy preparada. No quiero decir adiós a lo que estoy viviendo ahora, no quiero decir hola a lo que viene por delante. No quiero. Y es que ha pasado todo tan deprisa que tengo la sensación de que a penas lo he rozado con la punta de los dedos. Hace a penas unos meses estaba escribiendo sobre Nuestros Años, sobre esto, y hoy parece que se está acabando. Dentro de seis meses, dos evaluaciones, veinticuatro Viernes, todo cambiará y habrá que decir adiós a todo lo que hasta ahora, era cómodo. Esa profesora que te preguntaba si veía que estabas distraído, ese rincón del patio donde se han debatido grandes temas con tus semejantes, esa mesa de ese Café donde cada semana te distraías de tus problemas, ese camino hasta ese parque donde cada mañana te encontrabas con una buena amiga. Todo eso formará parte de otra etapa, y sin darnos cuenta, seremos adultos. No más listos, no más responsables, no más preparados, sólo adultos. Y yo no quiero decir adiós a todo lo que hasta ahora me resulta familiar y seguro. Porque sé que todo eso no desaparece, seguirá ahí el mismo parque, el mismo Café, tu misma gente, pero ya nada será igual.
Y si, sé que es tan inevitable como respirar, como equivocarse, pero realmente, sólo quiero ser siempre joven.
lunes, 2 de septiembre de 2013
Time to change.
Mi pequeño paraíso, llevo tanto tiempo sin acercarme a ti que hasta me siento culpable.
Y es que este rincón del mundo ha sido siempre un escondite perfecto para todas esas palabras que, por miedo, preocupación o incapacidad, no he sabido decir en voz alta. El problema está en que hace mucho que no tengo miedo, que no siento preocupación y que me veo capaz de cualquier cosa.
Hasta ahora.
Ahora hay algo a lo que mi cabeza sucumbe cada día, más bien cada noche, hasta que el sueño puede conmigo. Los cambios. Tan inevitables como respirar, como equivocarse. Tan inhóspitos como las selvas caribeñas. Tan inciertos como la suerte.
Hay gente que afronta los cambios como un reto. Yo era así de pequeña. Las personas así suelen sentirte vivos con los cambios y mueren ante la rutina, ante la certeza del futuro. Hace años, cuando aún era la única de mi casa a la que le apasionaba cambiar de colegio, de casa; me sentía angustiada cuando mis padres hacían planes por mi y me controlaban las decisiones. A día de hoy a veces extraño la tranquilidad de que mis decisiones las tome otro, y que en otro caiga el peso de los errores. El problema es que después de tantísimos cambios, y tantísimas horas de adaptación, ya no siento ninguna afinidad con ese tipo de gente.
También conozco gente a la que los cambios no les gustan. Simplemente les resulta más cómodo refugiarse en la rutina y así, no tener que pensar en qué pasara mañana, sabedores de que mañana será igual que hoy, y que ayer. Los cambios les resultan incómodos, pero los afrontan cuando no hay más remedio. Quizá también fui así hace años, cuando afrontaba la vida con pasividad convencida, erróneamente, de que sería como habían planeado para mi.
El problema es que ya no soy así. Supongo que habrá más gente como yo, que sencillamente sientan un miedo horrible por los cambios. Cinco colegios. Dos ciudades. Infinidad de situaciones en las que mi vida casi se da de nuevo la vuelta. Quizá realmente si tenga motivos para temer más cambios. O no. Pero así es. Siento verdadero miedo cuando veo que un cambio se acerca y no se cómo será mi vida después.
No exagero cuando digo que en decenas de situaciones mi vida ha sido un caos. No sabría recordar cuantas veces me han sentado mis padres en el sofá de mi casa y me han dicho que algo pasaba, que algo iba a cambiar. Nunca fueron buenas nuevas las que llegaban en esas conversaciones.
Y ahora se avecina un cambio. Uno enorme. El primero en el que mis padres no me sentarán en el sofá. El primero en el que realmente no puedo delegar mis decisiones. Mi primer cambio como persona adulta. Dentro de exactamente diez meses habré terminado el instituto y dentro de 20 días o menos, empezaré el último curso.
Me asusta, me abruma pensar que todo esto vaya a terminar. Llamarme loca, insensata o como queráis, pero para mi el instituto es una de las mejores cosas de lo que llevo de vida.
En cada colegio y en cada instituto de los cinco a los que la vida me ha llevado he encontrado cosas maravillosas, problemas enormes par alguien tan pequeña pero sobretodo, he encontrado personas que me acompañarán toda la vida. Y en diez meses se acaba todo.
Miles de preguntas llenan mi mente todas las noches. Tantas veces he soñado con que llegase esta momento, con comenzar mi carrera, con llegar a ser una escritora y una periodista... Y ahora es lo que me quita el sueño a diario. ¿ Será difícil? Si otros antes que yo han podido, ¿podré yo?. ¿Estaré a la altura para lograr mi sueño?, ¿dónde?, ¿cómo?.
Demasiadas preguntas sin respuesta y macabramente me río de mi misma.
Yo, que me he hartado de presumir de independencia, de saberme cuidar. La niña que nació con cuatro años ya cumplidos, decía mi madre. Ojalá pudiese restarle ahora esos años y volver al pasado.
Pero no puedo, el presente ya esta aquí. Y tengo mucho miedo.
Porque quizá, esta vez, no sea suficiente con ser más fuerte que la lluvia.
Y es que este rincón del mundo ha sido siempre un escondite perfecto para todas esas palabras que, por miedo, preocupación o incapacidad, no he sabido decir en voz alta. El problema está en que hace mucho que no tengo miedo, que no siento preocupación y que me veo capaz de cualquier cosa.
Hasta ahora.
Ahora hay algo a lo que mi cabeza sucumbe cada día, más bien cada noche, hasta que el sueño puede conmigo. Los cambios. Tan inevitables como respirar, como equivocarse. Tan inhóspitos como las selvas caribeñas. Tan inciertos como la suerte.
Hay gente que afronta los cambios como un reto. Yo era así de pequeña. Las personas así suelen sentirte vivos con los cambios y mueren ante la rutina, ante la certeza del futuro. Hace años, cuando aún era la única de mi casa a la que le apasionaba cambiar de colegio, de casa; me sentía angustiada cuando mis padres hacían planes por mi y me controlaban las decisiones. A día de hoy a veces extraño la tranquilidad de que mis decisiones las tome otro, y que en otro caiga el peso de los errores. El problema es que después de tantísimos cambios, y tantísimas horas de adaptación, ya no siento ninguna afinidad con ese tipo de gente.
También conozco gente a la que los cambios no les gustan. Simplemente les resulta más cómodo refugiarse en la rutina y así, no tener que pensar en qué pasara mañana, sabedores de que mañana será igual que hoy, y que ayer. Los cambios les resultan incómodos, pero los afrontan cuando no hay más remedio. Quizá también fui así hace años, cuando afrontaba la vida con pasividad convencida, erróneamente, de que sería como habían planeado para mi.
El problema es que ya no soy así. Supongo que habrá más gente como yo, que sencillamente sientan un miedo horrible por los cambios. Cinco colegios. Dos ciudades. Infinidad de situaciones en las que mi vida casi se da de nuevo la vuelta. Quizá realmente si tenga motivos para temer más cambios. O no. Pero así es. Siento verdadero miedo cuando veo que un cambio se acerca y no se cómo será mi vida después.
No exagero cuando digo que en decenas de situaciones mi vida ha sido un caos. No sabría recordar cuantas veces me han sentado mis padres en el sofá de mi casa y me han dicho que algo pasaba, que algo iba a cambiar. Nunca fueron buenas nuevas las que llegaban en esas conversaciones.
Y ahora se avecina un cambio. Uno enorme. El primero en el que mis padres no me sentarán en el sofá. El primero en el que realmente no puedo delegar mis decisiones. Mi primer cambio como persona adulta. Dentro de exactamente diez meses habré terminado el instituto y dentro de 20 días o menos, empezaré el último curso.
Me asusta, me abruma pensar que todo esto vaya a terminar. Llamarme loca, insensata o como queráis, pero para mi el instituto es una de las mejores cosas de lo que llevo de vida.
En cada colegio y en cada instituto de los cinco a los que la vida me ha llevado he encontrado cosas maravillosas, problemas enormes par alguien tan pequeña pero sobretodo, he encontrado personas que me acompañarán toda la vida. Y en diez meses se acaba todo.
Miles de preguntas llenan mi mente todas las noches. Tantas veces he soñado con que llegase esta momento, con comenzar mi carrera, con llegar a ser una escritora y una periodista... Y ahora es lo que me quita el sueño a diario. ¿ Será difícil? Si otros antes que yo han podido, ¿podré yo?. ¿Estaré a la altura para lograr mi sueño?, ¿dónde?, ¿cómo?.
Demasiadas preguntas sin respuesta y macabramente me río de mi misma.
Yo, que me he hartado de presumir de independencia, de saberme cuidar. La niña que nació con cuatro años ya cumplidos, decía mi madre. Ojalá pudiese restarle ahora esos años y volver al pasado.
Pero no puedo, el presente ya esta aquí. Y tengo mucho miedo.
Porque quizá, esta vez, no sea suficiente con ser más fuerte que la lluvia.
lunes, 17 de junio de 2013
Mi roll.
Siempre, en mi vida, hay una Belle Époque en la que resulta que alguien se cruza en mi camino, y por alguna razón, decide quedarse conmigo. Es una época bonita y casi todas las veces me engaño a mi misma pensando que no va a pasarme de nuevo lo de la vez anterior, pero siempre me equivoco.
En esta vida hay gente hecha para ser importante, para decir "joder, esta persona me ha marcado", pero no todos pueden ser asi, y ese no es mi papel, mi roll es otro.
Siempre llega ese momento en el que me acabo sintiendo como un hotel malo de carretera. De esos a los que la gente solo va cuando sale desesperada de casa, sin maletas, con la única intencion de salir corriendo. Se sienta en la pegajosa barra de mi bar a que escuche tristemente sus problemas y le de cuatro inútiles consejos que realmente sé que ni quieren ni sé dar.
Ese acaba siendo mi papel. El de estar ahí cuando todos fallan, cuando el mundo se queda grande, cuando quieren escapar. Lo malo es que a todos se le dan más oportunidades, que el mundo vuelve a ser pequeño y vuelven a sentirse con fuerza, y entonces se marchan. Abandonan el viejo hotel de carretera, y creedme, no me quejo de ello, yo también lo abandonaría en cuanto dejase de ser imprescindible estar ahí. Pero eso no hace que sea menos doloroso volver a verme sola.
Una y otra vez me reafirmo en pensar que, al menos se que esas personas nunca estarán solas, siempre me tendrán a mi cando todo falle, y me consuela saber que tengo un mínimo papel en sus vidas, aunque sea ese. Llamadme kamicace pero prefiero sentirme sola mil días y que al mil uno venga alguno de ellos, le ayude a levantarse, a quitarse las lágrimas, le diga "tu vales, yo sé que tu vales", y ver como se vuelve a comer el mundo, que la situación contraria y que ninguno de ellos se sienta sólo durante un escaso segundo.
Y aunque se que en esta generalización estoy incluyendo a quien no lo merece, es la excepción que confirma la regla: ese es mi papel, es mi roll, y al menos eso se hacerlo bien.
En esta vida hay gente hecha para ser importante, para decir "joder, esta persona me ha marcado", pero no todos pueden ser asi, y ese no es mi papel, mi roll es otro.
Siempre llega ese momento en el que me acabo sintiendo como un hotel malo de carretera. De esos a los que la gente solo va cuando sale desesperada de casa, sin maletas, con la única intencion de salir corriendo. Se sienta en la pegajosa barra de mi bar a que escuche tristemente sus problemas y le de cuatro inútiles consejos que realmente sé que ni quieren ni sé dar.
Ese acaba siendo mi papel. El de estar ahí cuando todos fallan, cuando el mundo se queda grande, cuando quieren escapar. Lo malo es que a todos se le dan más oportunidades, que el mundo vuelve a ser pequeño y vuelven a sentirse con fuerza, y entonces se marchan. Abandonan el viejo hotel de carretera, y creedme, no me quejo de ello, yo también lo abandonaría en cuanto dejase de ser imprescindible estar ahí. Pero eso no hace que sea menos doloroso volver a verme sola.
Una y otra vez me reafirmo en pensar que, al menos se que esas personas nunca estarán solas, siempre me tendrán a mi cando todo falle, y me consuela saber que tengo un mínimo papel en sus vidas, aunque sea ese. Llamadme kamicace pero prefiero sentirme sola mil días y que al mil uno venga alguno de ellos, le ayude a levantarse, a quitarse las lágrimas, le diga "tu vales, yo sé que tu vales", y ver como se vuelve a comer el mundo, que la situación contraria y que ninguno de ellos se sienta sólo durante un escaso segundo.
Y aunque se que en esta generalización estoy incluyendo a quien no lo merece, es la excepción que confirma la regla: ese es mi papel, es mi roll, y al menos eso se hacerlo bien.
domingo, 19 de mayo de 2013
He.
Me pregunta qué me pasa y yo ya no sé qué contestar. Un gran abanico de problemas y de temática con las que podría excusar mi desanimo se abre para mi pero es que ya no puedo mas. Una rápida y salada lagrima rompe con mis barreras y abre paso a otras tantas. No me quedan fuerzas, ni ganas, no me quedan. Suspiro y me tapo la cara con las manos, dejando que ahora las lágrimas vayan directamente a mis muñecas.
Paso así segundos antes de que él me separe las manos y me abrace, dejando que empape su hombro con mis problemas. Me encamino al aseo y no me gusta lo que veo en el espejo. Esta no soy yo, esta no quiero ser yo. Yo era fuerte, lo era, de veras. Abro el grifo para lavarme la cara, me quito el maquillaje corrido y suspiro de nuevo. Me asomo a la ventana del aseo y, aprovechándome de una fuerte ráfaga de viento, inhalo una buena bocada de aire. Me quedo alli unos momentos, pensando, y los problemas empiezan a crecer de nuevo. Me estoy sintiendo muy sola de nuevo, así que vuelvo a su lado.
Cuando llevo tiene una enorme sonrisa para mi, y las ganas de continuar se multiplicar por mil millones. Me siento de nuevo a su lado. "Lo siento, todo pudo conmigo" balbuceo, "cuando algo pueda contigo, estaré yo, ya no estarás nunca sola" me promete él.
Y poco a poco, abrazo a abrazo dejo de gimotear como una niña pequeña y me acurruco a su lado mientras mis problemas van menguando y yo voy sintiéndome más y más fuerte.
Paso así segundos antes de que él me separe las manos y me abrace, dejando que empape su hombro con mis problemas. Me encamino al aseo y no me gusta lo que veo en el espejo. Esta no soy yo, esta no quiero ser yo. Yo era fuerte, lo era, de veras. Abro el grifo para lavarme la cara, me quito el maquillaje corrido y suspiro de nuevo. Me asomo a la ventana del aseo y, aprovechándome de una fuerte ráfaga de viento, inhalo una buena bocada de aire. Me quedo alli unos momentos, pensando, y los problemas empiezan a crecer de nuevo. Me estoy sintiendo muy sola de nuevo, así que vuelvo a su lado.
Cuando llevo tiene una enorme sonrisa para mi, y las ganas de continuar se multiplicar por mil millones. Me siento de nuevo a su lado. "Lo siento, todo pudo conmigo" balbuceo, "cuando algo pueda contigo, estaré yo, ya no estarás nunca sola" me promete él.
Y poco a poco, abrazo a abrazo dejo de gimotear como una niña pequeña y me acurruco a su lado mientras mis problemas van menguando y yo voy sintiéndome más y más fuerte.
lunes, 13 de mayo de 2013
Real dream
Si hay algo que todos tenemos son miedos y sueños, muchos miedos y sueños.
Vivir con sueños es una de las cosas mas maravillosas que el hombre es capa de hacer, y es lo que hace que vivir merezca la pena. Hasta la persona más realista sueña despierta cuando nadie le mira, y a veces son esos sueños secretos y personales los que más felices nos hacen al cumplirse. Soñamos prácticamente desde el momento en el que existimos, y eso nos da fuerzas para afrontar lo que espera ahí fuera. Soñamos crecer, soñamos volar, soñamos tener, soñamos amar.
Y entre sueños, a veces aparecen los miedos.Hasta la persona más valiente y más segura, la que primero afronta los problemas, tiene miedo. Hay miedos tan simples como mirar debajo de la cama al acostarnos, y miedos tan profundos como al olvido, a la muerte, al cambio. Nadie puede decir que nunca ha sentido cómo se le aceleraba el pulso por el miedo a ser rechazado, nadie puede jurar que nunca tambló cuando cogió velocidad por primera vez en un coche, nadie.
Pero de entre todos los miedos, si hay uno que realmente nos es común a todos, es el miedo a la soledad. Y es que, si existe una verdad universal en el mundo, es que a todos nos asusta quedarnos solos, no tener a alguien con quien cumplir tus sueños. Por eso, lo que realmente soñamos todos, lo que hace que valga la pema pasar por rodos los miedos habidos y por haber, es poder tener a esa persona durmiendo en nuestra cama al final del día.
Vivir con sueños es una de las cosas mas maravillosas que el hombre es capa de hacer, y es lo que hace que vivir merezca la pena. Hasta la persona más realista sueña despierta cuando nadie le mira, y a veces son esos sueños secretos y personales los que más felices nos hacen al cumplirse. Soñamos prácticamente desde el momento en el que existimos, y eso nos da fuerzas para afrontar lo que espera ahí fuera. Soñamos crecer, soñamos volar, soñamos tener, soñamos amar.
Y entre sueños, a veces aparecen los miedos.Hasta la persona más valiente y más segura, la que primero afronta los problemas, tiene miedo. Hay miedos tan simples como mirar debajo de la cama al acostarnos, y miedos tan profundos como al olvido, a la muerte, al cambio. Nadie puede decir que nunca ha sentido cómo se le aceleraba el pulso por el miedo a ser rechazado, nadie puede jurar que nunca tambló cuando cogió velocidad por primera vez en un coche, nadie.
Pero de entre todos los miedos, si hay uno que realmente nos es común a todos, es el miedo a la soledad. Y es que, si existe una verdad universal en el mundo, es que a todos nos asusta quedarnos solos, no tener a alguien con quien cumplir tus sueños. Por eso, lo que realmente soñamos todos, lo que hace que valga la pema pasar por rodos los miedos habidos y por haber, es poder tener a esa persona durmiendo en nuestra cama al final del día.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

