miércoles, 6 de febrero de 2013

Again.

Resopló, apoyó la cabeza en la vieja pared de ladrillo y allí, sentada en la acera de una calle que nada tenía de importante, lo confesó todo.
"Ha sucedido de nuevo. Me he engañado. Me las he dado de lista y en realidad sigo siendo la misma tonta de siempre. La misma que hace dieciséis años se meaba en los pañales y se pringaba comiendo. Creo que no he aprendido nada desde entonces.
Y hoy me han vuelto a dar una bofetada de esas que te ponen en tu sitio, y mi sitio está muy, muy por debajo del subsuelo. -Eres la última mierda, ¿qué coño pretendes poder arreglar en el mundo si no puedes ni siquiera poner en orden tu ideas? Das penica-. Si, ese sería el mensaje si las lecciones de la vida vinieran con guión, pero no vienen, y no las ves venir.
Creí tener respuestas para al menos esto, para estas cuatro paredes, para este puto juego que más parece una versión mala de Gran Hermano. Pero a la vista está que no. 
No tendría que sorprenderme. Tras mil fracasos, el siguiente solo marca una cifra más. Pero supongo que también hay cierto número de fracasos que cambian las cosas. Y esto me ha servido para ver lo que se me viene encima. Para ver que nunca seré capaz de llevar las riendas de mi vida, que seguiré necesitando esconderme en las faldas de mi madre cada vez que se avecine tormenta, que lloraré como llevo haciendo toda la vida cada vez que las cosas no salgan a mi antojo. Ha servido para darme cuenta de que la inutilidad, la dependencia, y la necesidad de que lo hagan todo por mi, será lo que me lleven a no conseguir mis sueños.
Suena triste, lo sé. Pero supongo que hay gente para todo. Gente para estar arriba, gente para estar abajo, gente para mandar, gente para ser mandada, gente capaz, y gente como yo."
Y tras aquella confesión, ya con la cara empapada en lágrimas y el cuerpo temblando ante el miedo que le causaba la verdad, se sintió increíblemente perdida. 

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