martes, 2 de abril de 2013

Right here, right now.

¿Sabes? El mundo es, a efectos prácticos, una oleada constante de problemas, un martilleo continuo de consumo y un torbellino infinito de pensamientos. Y en medio de todo eso, en las puertas de la que de pequeños creíamos que era la mas pura libertad y de más mayores nos damos cuenta de que es solo la responsabilidad de ser tú quién elige y quién sufre las consecuencias, estamos nosotros.
Nosotros, los que dicen que "ya tenemos una edad" pero no la edad suficiente, los que debemos "comportarnos como adultos" aún teniendo un niño correteando dentro de nuestro cuerpo, los que nos dicen eso de "ahí a fuera todo es muy duro" pero no nos dejan comprobar su verdad.
Suena agobiante y muchas veces lo es. Vivir entre dos existencias. La de ser un niño que sólo desea media hora más de libertad para salir con sus amigos, el que aún tiembla cuando sus padres le llaman por su nombre completo; y la de un recién estrenado adulto al que aún le queda grande la posibilidad de decidir dónde, cómo, con quién vivir su vida. Esa delgada linea de escasos cinco o seis años, esa etapa que todos tienen por la que será la más feliz de nuestra vida, nuestra amada adolescencia.
Pero es que ser adolescente muchas veces no es eso. ¿Acaso de verdad creen que nos pasamos el día penando en qué será de nosotros en un futuro? No. ¿O en qué podemos hacer para que no seamos castigados? Tampoco. Muchas veces, y hablo por la propia experiencia de una chica de dieciséis años con la cabeza llena de pájaros, el corazón a rebosar de sueños, el futuro aún incierto y mucha vida por vivir; los adolescentes nos limitamos a vivir lo que está sucediendo y es eso lo bonito de esta época, lo esencial. Equivocarnos, divertirnos, acarrear con las consecuencias después. ¿Si no te equivocas siendo adolescente, cuándo lo harás?
Y es que es en esta época cuando ya hemos aprendido que el fuego quema, que el hielo está frío, pero aún tenemos que aprender que no todo el mundo es quién dice ser, que los amigos van y vienen, que el amor no siempre es verdadero. Esta es La Época, Nuestra Época, y ¿sabéis qué? Nos toca vivirla.

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