Podría pasarme horas narrando todos mis fallos, todas mis cagadas, todas mis malas decisiones, y a cada una os parecería aún más increíble que él las haya perdonado todas.
Y es que habiendo perdonado en su momento mi miedo más atroz a querer a alguien y mi incapacidad para darme cuenta de que mis palabras le hacían daño, que una vez juntos siguiese aguantando mi absoluta imperfección con tendencia a errar es lo que me lleva a mirarle y, una vez sumergida en ese verde de sus ojos me pregunto "¿cómo es posible que aún me siga queriendo?".
Sé sin lugar a dudas qué me respondía él si le hiciese esa pregunta en voz alta, y sonrío por ello. Ese "Cariño, te voy a querer siempre" entonado con su voz es mejor que la más perfecta sinfonía, llega más hondo que la más sentida nana, más maravilloso que cualquier canción de amor.
Y además, no es que haya perdonado todos mis errores lo más increíble que él solo ha conseguido, sino que yo misma, débil, asustadiza, cobarde e incapaz por naturaleza de crear un futuro fijo, de tener las cartas echadas, de elegir hoy y mañana a no poder cambiar, me sienta suficientemente fuerte como para plantarle cara al mundo, valiente para no callar ni uno solo de mis sueños, y que quiera que ese futuro llegue, que esas caras lleven tu nombre, que pueda elegirte y así asegurarme que vas a estar siempre a mi lado. Nadie pensé que podría conseguirlo jamás.
Y es por todo eso, por no entender por qué sigue aguantandome, por la sensación indescriptible que siento cuando superamos cada bache, por la felicidad en estado puro que me invade cuando me cuida y me promete que estará conmigo siempre, por haber dado un giro de ciento ochenta grados a mi vida y la haya llenado de la historia mas maravillosa que nunca he imaginado, por lo que sé que no es él, sino Él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario