domingo, 29 de abril de 2012

"Sabes que te gusta de verdad cuando todas las canciones te recuerdan a él"

Cuando una vieja amiga me dijo esa frase, yo le respondí que no exagerase, que no todas las canciones te pueden recordar a esa persona cuando cada una habla de una situación distinta. Hay millones de canciones distintas y solo una situación a la que ponerle letra y acordes, de seguro que alguna no te recordará a esa persona que te quita la respiración.
Han pasado unos cuatro años desde entonces, cuatro años en los que nunca he olvidado esa frase, pero cuatro años en los que sólo he fortalecido mi teoría sobre ella. Siempre he estado muy unida a la música y la he usado para explicarme a mi misma lo que me pasaba cuando era incapaz, pero tan solo tenía una o dos canciones que me recordasen a cada momento o a cada persona.
Pero ¿Sabéis? Antes de ayer estuve en un concierto en el que se tocaron canciones sobre temas totalmente contrarios, canciones completamente distintas, de autores y géneros diferentes. Aunque cada melodía era única, era incapaz de no asociar cada una de las palabras de cada una de las letras de cada una de las canciones a Él.
Si, suena algo obsesivo pero cuando una canción transmitía una declaración de amor, sabía lo que el autor quería decir, cuando transmitía nostalgia o añoranza me recordaba lo vacía que me siento cuando él no anda cerca de mi, y cuando la canción trataba de decir "adiós" pedía mil veces que nunca jamás él me dijese algo así a mi.
Es cierto, suena excesivo asociar la mayoría de las cosas a una sola persona, pero sale sola una sonrisa tonta cuando alguien dice la palabra "princesa", cuando dicen que bailar pegados es bailar, o cuando encuentro esas flores que la gente sopla para pedir deseos.

lunes, 16 de abril de 2012

milugarenelmundo.

Ese lugar en el mundo en el que me siento segura, capaz de todo.
Allí sé que soy capaz de sacarle los dientes al mundo, sin miedo a que se de la vuelta y me muerda.Allí sé que no serán efectivas en mi las malas palabras de las malas gentes. Allí sé que ni frío ni calor, ni el viento más fuerte podrá llegar a mis huesos. Allí sé que podré ser yo, asumir que tengo miedo, que dudo, sin que nada ni nadie pueda usarlo contra mi. 
Ese es Mi lugar en el mundo, ese pequeño espacio que Él deja entre sus brazos para abrazarme, para enlazar sus manos al rededor de mi cintura, y no lo cambiaría por nada. Sé lo que es abrir los ojos y verme allí y creedme que no hay felicidad comparable con esa. Ahora ya sé que el mundo se puede poner gris oscuro, incluso negro, que puede caer granizo del tamaño de pelotas de tenis, que la gente podrá decir lo que quiera; que estando yo allí, entre sus brazos, absolutamente todo me va a dar igual.  
Solo puedo pedir que nunca me hagan salir de ahí, que me dejen acogerme allí cada vez que lo necesite, que nunca, jamás tenga que aprender a vivir lejos de sus brazos.