jueves, 28 de febrero de 2013

Así era, así soy.

Mirando fotos antiguas he recordado aquella época en la que era su orgullo. Desde que empecé a andar y todos los ojos se posaban en lo rápido que crecía, fui la niña perfecta. La más inteligente, la más bonita, la más responsable. No era así, pero yo me sentía así. Era quien querían que fuese. 
Así estuve siendo feliz durante años. Me gustaba hace feliz a la gente que me rodeaba siendo como querían que fuese. No me planteaba la idea de que pudiese cambiar nada, ese era mi roll, era mi papel en la vida y a mi me valía. Era alguien, alguien de quien enorgullecerse. 
Pero un día me di cuenta de que esa persona no era yo. De qué aquella enana de rizos morenos y ojos pequeños no era lo que creía ser. 
Entonces, cuando deje de andar para empezar a correr, decidí que ya no iba a ser la lista, ni la bonita, ni la responsable, tan sólo iba a ser la real. Iba a ser yo misma, iba a equivocarme, iba a dejar de permitir que pensasen por mi, que decidiesen por mi. Cambie los ricitos morenos por una melena roja, hice que mis ojos fueran especiales por sus guiños a los problemas y tomé un camino que aunque bien lejos estaba de lo que tenían pensado para mi, me hacia sentir como no me había sentido nunca. 
Cambie ser la inteligente por ser la lista, la que sabía de qué iba la película. Cambie ser la bonita por la que no se preocupaba si a alguien le molestaba su pelo rojo. Cambie ser la responsable por ser la que hacia lo que creía justo, la que se lo jugaba hasta el último momento. 
Y se que ya no soy nada de lo que se sienta orgulloso, pero yo si me siento orgullosa de mi misma, y aunque mis méritos sean eclipsados por mis fallos, seguiré intentando hacer realidad mis sueños porque si algo no ha cambiado de entonces a ahora es que para mi los sueños son tan solo planes que algún día haré realidad.

jueves, 14 de febrero de 2013

Él.

A pesar de todo, esta él.
Podría pasarme horas narrando todos mis fallos, todas mis cagadas, todas mis malas decisiones, y a cada una os parecería aún más increíble que él las haya perdonado todas.
Y es que habiendo perdonado en su momento mi miedo más atroz a querer a alguien y mi incapacidad para darme cuenta de que mis palabras le hacían daño, que una vez juntos siguiese aguantando mi absoluta imperfección con tendencia a errar es lo que me  lleva a mirarle y, una vez sumergida en ese verde de sus ojos me pregunto "¿cómo es posible que aún me siga queriendo?". 
Sé sin lugar a dudas qué me respondía él si le hiciese esa pregunta en voz alta, y sonrío por ello. Ese "Cariño, te voy a querer siempre" entonado con su voz es mejor que la más perfecta sinfonía, llega más hondo que la más sentida nana, más maravilloso que cualquier canción de amor. 
Y además, no es que haya perdonado todos mis errores lo más increíble que él solo ha conseguido, sino que yo misma, débil, asustadiza, cobarde e incapaz por naturaleza de crear un futuro fijo, de tener las cartas echadas, de elegir hoy y mañana a no poder cambiar, me sienta suficientemente fuerte como para plantarle cara al mundo, valiente para no callar ni uno solo de mis sueños, y que quiera que ese futuro llegue, que esas caras lleven tu nombre, que pueda elegirte y así asegurarme que vas a estar siempre a mi lado. Nadie pensé que podría conseguirlo jamás. 
Y es por todo eso, por no entender por qué sigue aguantandome, por la sensación indescriptible que siento cuando superamos cada bache, por la felicidad en estado puro  que me invade cuando me cuida  y me promete que estará conmigo siempre, por haber dado un giro de ciento ochenta grados a mi vida y la haya llenado de la historia mas maravillosa que nunca he imaginado, por lo que sé que no es él, sino Él.

sábado, 9 de febrero de 2013

Doubts.

Prácticamente al pie del cañón de una lucha por los derechos de los más jóvenes, en un momento dado me paro y pienso si de verdad todo esto va a servir para algo. Quizá para el mundo no seamos más que un puñado de niñitos pegando gritos, quizá nadie entienda lo que decimos, ni compartan lo que opinamos,
Y la sensación ya en casa se torna igual. Me siento incapaz de hacer que nadie entienda mis frustraciones, mis miedos, mis ideas. Se que nadie confía en que vaya  decir nada de provecho, y por eso no me dedican sus oídos. Y es que ni siquiera yo se sí voy a decir algo así. Tres días a la semana me sient una niña muy pequeña en un mundo mu grande, me siento perdida y vulnerable. Otros tres días me siento una chica demasiado grande para un mundo tan pequeño, un mundo en el que ni de lejos caben mis sueños, mis ilusiones, mis expectativas. Y el séptimo día sencillamente no se quién soy. Sé que los que están por encima de mi también se vieron en la misma situación, pero supongo que cada época es un enfoque, y que cada persona es un mundo.
Una vez en clase lo que sucede es un sinfín de preguntas a las que no tengo manera de contestar. ¿Va a servir para algo todos mis desvelos?, ¿algún día seremos lo que realmente soñamos?, ¿sería otra salida más válida, más útil? Para muchos sonará exagerado decir que me está resultando casi imposible seguir hacia delante. Hace un año estudiaba porque tenía que hacerlo, era lo que me tocaba. Hoy la cosa es diferente, hoy tengo que ser la mejor porque de eso dependerá m futuro, y el de los míos, hoy tengo que seguir hacia delante con la incertidumbre de no saber cuál será el resultado. Miro a mis compañeros y pienso en los que se han quedado por el camino. Pienso en los que tiraron la toalla y me doy cuenta de que yo no soy más lista, ni más capaz que ellos. Torres las altas cayeron, y es me hace pensar si yo no seré la próxima, ¿cómo saber que no seré una de las que caigan antes de que haya terminado la guerra?

miércoles, 6 de febrero de 2013

Again.

Resopló, apoyó la cabeza en la vieja pared de ladrillo y allí, sentada en la acera de una calle que nada tenía de importante, lo confesó todo.
"Ha sucedido de nuevo. Me he engañado. Me las he dado de lista y en realidad sigo siendo la misma tonta de siempre. La misma que hace dieciséis años se meaba en los pañales y se pringaba comiendo. Creo que no he aprendido nada desde entonces.
Y hoy me han vuelto a dar una bofetada de esas que te ponen en tu sitio, y mi sitio está muy, muy por debajo del subsuelo. -Eres la última mierda, ¿qué coño pretendes poder arreglar en el mundo si no puedes ni siquiera poner en orden tu ideas? Das penica-. Si, ese sería el mensaje si las lecciones de la vida vinieran con guión, pero no vienen, y no las ves venir.
Creí tener respuestas para al menos esto, para estas cuatro paredes, para este puto juego que más parece una versión mala de Gran Hermano. Pero a la vista está que no. 
No tendría que sorprenderme. Tras mil fracasos, el siguiente solo marca una cifra más. Pero supongo que también hay cierto número de fracasos que cambian las cosas. Y esto me ha servido para ver lo que se me viene encima. Para ver que nunca seré capaz de llevar las riendas de mi vida, que seguiré necesitando esconderme en las faldas de mi madre cada vez que se avecine tormenta, que lloraré como llevo haciendo toda la vida cada vez que las cosas no salgan a mi antojo. Ha servido para darme cuenta de que la inutilidad, la dependencia, y la necesidad de que lo hagan todo por mi, será lo que me lleven a no conseguir mis sueños.
Suena triste, lo sé. Pero supongo que hay gente para todo. Gente para estar arriba, gente para estar abajo, gente para mandar, gente para ser mandada, gente capaz, y gente como yo."
Y tras aquella confesión, ya con la cara empapada en lágrimas y el cuerpo temblando ante el miedo que le causaba la verdad, se sintió increíblemente perdida. 

Alba Valerdi.

Algunos dicen que es problem de autoestima, pero yo creo que es problema de exceso de auto conocimiento. Me miro al espejo y veo esa pequeña e insignificante parte de la vida de la gente que resulta prescindible. Siempre ha sido ha sido a si, siempre he sabido que sería lo último que la gente arriesgaría para salvar lo demás. Pero luego, entre otras pocas, poquísimas personas, pienso en ella.
Pienso en la persona que desde un primer momento me enseño que todo era posible, que corrió conmigo calle abajo, descalzas, para dejar el mundo y a todos detrás. La que se echó al hombro una mochila un domingo de primavera para que ese fuese nuestro día. La que no admitía un "no es nada" por respuesta cuando fingía estar bien. La que vino a verme cuando yo no podía salir y las paredes se me caían encima. La que no me dejó atrás solamente por no salir de noche o vivir siempre castigada. La que me dijo que aún sin siglas, sin promesas, sin cuatro ruedas, ni triciclos, ni nada, siempre estaría a mi lado. La que respondió a todas mis llamadas de Socorro y me hizo viajar al otro lado del globo, a un lugar donde todo es idílico, donde los días duran cuarenta y ocho horas, un lugar que quedara siempre en un puesto especial en mi vida. La que entendió siempre mi necesidad de salir volando, de crecer en la vida, de ser alguien, de salir de aquí.
Ella me enseño que quien dijo que los amigos no tienen que verse todos los días, si no poder no verse sin olvidarse, tenía a veces razón. 
Ella es, sin lugar a dudas, una de las personas más extraordinarias que jamás he conocido, y por eso, si hoy le declarase la guerra al mundo, yo sacaría mis armas y me iría con ella. 
Nunca creí ser relevante en la vida de nadie, nunca creí ser suficiente como para que alguien, y más alguien como ella quisiese definirme como su amiga, pero entre todas las lecciones que me ha dado, la más importante para mi es que siempre podré contar con Alba Valerdi.