sábado, 29 de septiembre de 2012

Take another chance.

Después de casi dos meses de tortura insoportable, de una soledad intermitente que me destrozaba desde que abría los ojos y me daba de bruces contra la realidad hasta que de agotamiento me dormía entre lágrimas, de una agonía que no me dejaba comer, ni dormir, ni soñar, ni reír, ni pensar, de una desesperación que casi me cuesta la salud mental o incluso la vida, de una desilusión constante hacia todo, pensé que aún quedaría mucho tiempo para volver a reconocerme en las fotos, en los espejos, y volver a ser quién fui. Si, sonará raro, pero aparte de a mi vida, a mi gente y a mi verano, me echaba de menos a mi misma. No me siento orgullosa de cómo he sido este tiempo, ni de muchas cosas que he hecho. Dejé de hacer todo lo que mínimamente me producía algo de felicidad porque creí no merecerla. No escribía. No dibujaba. No me lo pasaba bien en el instituto. Quizá una de las razones por las que creo que dejé de ser yo era porque pensé que esa "yo" solo traía problemas.
Había olvidado la sensación que te invade cuando ríes a carcajadas, cuando te emocionas por algo, cuando te ilusionas.  Pensé que dejaría de sentirlo en una fecha concreta, pero cuando siete días atrás, tuve la oportunidad de recuperar mi vida, mi gente y bueno, un otoño, seguía sin sentirme yo misma. Como si las reglas del juego hubiesen cambiado radicalmente y nadie me las hubiese explicado y aunque creí que sólo con eso ya todo empezaría a funcionar, pero me equivoqué. Aún después de haber sonreído durante una tarde entera, de haber sido considerablemente feliz, llegar de nuevo al punto de partida hizo que la angustia fuera más grande que esa felicidad.
Durante los días siguientes entía que nada de lo que antes me ilusionaba merecía ya esa sensación. Sé que suena egoísta decirlo cuando, aunque no podía acceder a ello con la frecuencia que me gustaría, aún tenía grandes apoyos en mi vida que merecían que siguiese adelante, pero el problema era ese, que en la gran mayoría de horas no podía acceder a ellos y estar sola era lo que me llevaba a este estado. Sentía una  ansiedad horrible en cuanto no tenía algo con lo que distraerme porque los peores pensamientos acudían a mi. Sentía un vacío inmenso dentro de mi. Sentía que era penosa, asquerosa, que no valía para nada y mucho menos para llevar mi propia vida. Sentía que nunca volvería a ser igual de viva, de risueña, de animada.
Me di a mi misma otra oportunidad ayer, pero cuando me desperté entre grises nubes e interminables gotas cayendo del cielo, sentí que era una señal. El mundo me decía "nunca saldrá bien". Si las gotas del cielo no era suficientes, yo las complementé con las de mis mejillas durante toda la mañana. Así rompí mi promesa de no volver a llorar, una vez más. Cuando tu problema es algo normal, puedes remediarlo, pero ¿qué hacer contra la lluvia? Nada, ese era el problema. Aún así, sin rendirme, tome una decisión acertada, creo que la primera en mucho tiempo. En casa de uno de los mayores apoyos nombrados antes, cuando por fin vimos salir el Sol entre las nubes, creo que ese vacío que tenía dentro se empezó a llenar. Reímos de emoción y dimos voz de alarma a los demás. Habíamos vencido a la lluvia. Dos horas más tarde era feliz. Si, feliz. Sin más. Tenía a mi vera cuatro de las personas más maravillosas que caminan sobre la tierra y no necesitaba más. Me reía. Sonreía. Intentaba quedarme con cada instante grabado en la memoria porque para mi todo eso era maravilloso. Mirar a mis lados y ver chicas que hace escasos meses no eran más que "unas amigas", que ahora son, sin duda alguna, Mis Hermanas, que habían desafiado a todo por mi, y mirar la palma de mi mano y ver pegada a ella la palma de esa persona que había aguantado todo lo que yo había aguantado sin saber la mitad de las veces qué pasaba, que aún con todo el daño que le había causado, aún me miraba con esa maravillosa mirada y esa perfecta sonrisa, hizo que dejase de sentirme sola. Ahí, en ese instante, volví a la vida. Gracias.
Sé que muchas otras personas también han estado ahí durante este tiempo, y también quiero quitarme el sombrero ante ellas. De muchas lo esperaba, por parte de otras ha sido una grata sorpresa. Hoy me siento más acogida gracias a todos ellos.
Ahora mismo miro al cielo, ya sin apenas nubes, y pienso en lo que está por venir. Sé que las cosas en este sitio no han dejado de ser horribles, pero lo que si ha cambiado es la manera con la que las miro.Sé que aún tengo un largo camino por delante para poder huír lejos de aquí, pero me siento capaz de sobrevivir a él.
Hoy vuelvo a ser principio.