Me explicó la agobiante sensación de que todo se te queda pequeño, de que el futuro está demasiado cerca, de que las alas se te están quedando pegadas a la espalda de tantas veces que deberías haberlas batido y no has sido capaz. Pocas veces en mi vida he sentido tanta empatía por alguien en un momento, pero también han sido pocas las veces que nadie ha compartido esas sensaciones que más bien pensaba que eran fruto de un mal engranaje de mi cerebro.
De eso hace tres años, tres largos y hastiosos años tanto para esa persona como para mi. A día de hoy ella es mi mejor amiga, dentro de unos meses batirá tan fuerte las alas que le llevarán a mi punto de partida, y con ella, se llevará gran parte de mi. Ella y yo, soñadoras hasta el punto de inventarnos una realidad diferente para aquel idílico lugar. Esta claro que las cosas cambian muy deprisa.
Lo que parece ser que no ha cambiado es esa sensación para ambas. A ella se le queda pequeño el mundo, y a mi se me queda pequeña mi propia persona.
Esa angustiosa sensación ahora remite hasta mis propios huesos, y se manifiesta con un horrible nudo en la garganta, lágrimas como puños que parece ser lo único que mi cuerpo es capaz de proyectar, y unas ganas tremendas de sacarlo todo fuera.
Mañana seré adulta, y eso me produce un tremendo miedo. Se cómo será mi vida, se qué será de mi, pero me asusta que esa parte de mi que fue capaz de crear Australia a medias, se convierta en una mísera partícula y acabe encerrada en ese cajón sin fondo donde poco a poco voy metiendo todo lo que he dejado de ser. Supongo que siempre quise ser una más de los Niños perdidos cuyas niñeras no reclaman cuando se caen del carrito.
Pero sobre todas las cosas que temo, la primera de esa interminable lista es a mi misma.
Temo tener miedo y salir corriendo, temo no saber dar más de mi y decepcionar, temo no estar cuando se me necesita, temo olvidarme de quien he sido y nunca llegar a saber quién soy, temo dejar de poder sacar todo lo que me obstruye la garganta llenando folios y folios como antes hacia, consiguiendo que alguien se estremeciese al leerlo, temo no soportar ver como ese cajón se va llenando a la par que yo me voy vaciando, temo ser testigo de la destrucción uno por uno de todos mis sueños. Me temo a mi, y a todo lo que sé que llevo por dentro.
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