sábado, 23 de junio de 2012

No me faltes mi vida, no puedo perderte.

No me pidas que te explique por qué es así, no creo que fuese capaz de conseguir que te hicieses una idea, tan solo aproximada, de todo lo que me pasa cuando te veo aparecer. 
Un escuadrón de mariposas choca estrepitósamente en mi estómago, mi ritmo cardíaco se revoluciona completamente y una sonrisa se dibuja en mi cara hasta hacer que me duelan las mejillas. 
Sé que meto la pata con frecuencia y que, madre mía, a veces lo hago de lo lindo, y por eso no te puedo obligar a quedarte conmigo. Pero si lo hicieses, si decidieses aguantar todo esto y seguir para delante, en serio te lo compensaría intentando que cada uno de los días de tu vida fueses feliz, que todo fuese más sencillo. Te regalaría mi corazón, entero y absoluto, te dedicaría cada una de mis sonrisas y todos mis movimientos se traducirían en caricias por tu espalda. Me quedaría contigo, tan solo de la mano, cuando tuvieses miedo, y te diría eso de "vamos, tú puedes, yo sé que puedes", y también estaría a tu lado en los días más felices para sonreír por tus sonrisas. 
Todo, absolutamente todo lo haría con tal de que perdonases mis errores y me prometieses que estarías conmigo el resto de mi vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario