viernes, 9 de noviembre de 2012

Ya lo dijeron esos genios.

Muchas veces no nos damos cuenta, pero ¿Sabéis? Aún tenemos una eternidad de noches por enloquecer. Queremos hacerlo todo hoy, queremos sentirlo todo ya, y acabamos por no disfrutar del momento como se merece. Somos jóvenes amando como jóvenes suicidas, y no importa si nos equivocamos una vez, dos veces, un millón de veces. Saca un poco de eso que tienes, escondido detrás de las sienes y que el mundo se prepare a ti. Porque aquí las reglas las ponemos nosotros, porque aquí nadie más va a decirnos qué sentimos o por qué, porque aquí, amor es lo único obvio. No se han dado cuenta, los de arriba, los que nos tratan como títeres, pero aquí abajo las cosas son reales, se tocan, se sienten, aquí abajo no estamos creyendo en su sistema de control 
Muchas veces da miedo, eso es cierto. ¿Quién nunca ha temido al qué dirán? Pero cuando aplastas ese prejuicio, cuando te atreves a ser tú y no ser lo que esperan de ti, ¡oh, Dios mío! el efecto que tiene en ti es dulce como el aroma del tricoma machacao'. 
Cuando caiga la noche, y las estrellas sonrian, saldremos a la calle y reclamaremos lo que es nuestro. Diremos basta a quien nos diga que sentir, pensar, creer, querer, está mal sólo porque no sentimos, pensamos, creemos o queremos lo mismo que ellos. Saldremos y gritaremos a viva voz que la vida no es lo que aparenta, que vamos a ser felices, que vamos a ser reales, que vamos a ser nosotros. 
En definitiva, equivócate, enamórate, sonríe, llora, pero sobretodo recuerda que "life's a gift, forget, and forgive"

lunes, 5 de noviembre de 2012

Sueño para dos.

Las luces de un viejo coche descapotado iluminan al llegar esa pequeña cala. 
Dentro, dos jóvenes enamorados, locos por estar tan solo juntos, sonríen y se miran con amor. Bajan del vehículo y sacan una cesta de esas de picnik y una enorme sábana blanca. Se aproximan a la orilla y cuando extienden la manta, colocan la cesta y encienden la vela, vuelven y apagan las luces del coche. 
Cenan a la luz de esa única vela que les apenas ilumina sus sonrisas. Beben champagne y comen casero a la vez que se ríen, se besan y brindan por ellos mismos, por su amor y por esa cala. 
Después de cenar se acurrucan a mirar las estrellas y cuando ella le señala la que tiene por la lucecita más preciosa, él responde que ni la mismisima Venus está esa noche tan preciosa como ella y como por arte de magia, del coche aún a oscuras, empezaría a sonar esa canción. No una canción, su canción.
Tal y como la letra dicta, él y ella bailan corazón con corazón en la orilla de la playa. Acurrucada en el pecho de él, ella escucha la versión que más le gusta de esa melodía, la que él le canta al oído entre susurros. Tras el último compás de su canción, pasearían por la orilla de la playa donde ella le confesaría que nadie, nadie le ha hecho tan feliz como él en ese momento. Sin dejar de rodear los hombros de ella y la cintura de él, volverían a tumbarse en la sábana y aunque ninguno de los dos lo dice en voz alta, al apagar la vela ambos piden por deseo que nunca se acabase ese momento. 
Hablarían de lo felices que son hasta que, sorprendiéndola a ella, él se levanta y le hace levantarse también. Se arrodilla y le pide que eso sea para siempre, que se quede con él toda la vida, que se casen. Ella no tiene ninguna duda y responde siendo la mujer más feliz del mundo que si, que si quiere. 
Para terminar, se tumbarían de nuevo en la sábana sobre la arena, acurrucándose ella en su pecho y acariciándole mientras él juguetea con su pelo hasta quedarse dormidos dándose las buenas noches tanto a la princesa de él, como al príncipe de ella. 

lunes, 29 de octubre de 2012

Alma mía, hablemos, aún no es de día.

Querida alma, conciencia, fondo:
Ha pasado mucho tiempo desde nuestro último encuentro. Ha sido un tiempo muy difícil que he tenido que afrontar como tú decías "aparentando ser fuerte por fuera para empezar a serlo por dentro". Es cierto que he echado de menos tus caricias en mis mejillas cuando estaban empapadas de lágrimas, tus abrazos en la noche cuando el silencio me hacía pensar, y pensar me hacía sufrir, querer morir.
 He sentido cosas horribles durante un tiempo que se me hizo eterno . Sentí angustia al ver que todos los días eran iguales, igual de horribles. Sentí miedo al pensar que las cosas no cambiarían. Sentí soledad al verme privada de mi vida. Sentí decepción al ver la impasividad de los que creí que reaccionarían.
Pero ese tiempo ya ha pasado y mírame ahora, he conseguido aparentar ser fuerte por fuera. He conseguido dominar esa angustia al ver que cada día puede ser diferente y que si son iguales, serán igual de felices. Ya no tengo miedo, reconozco que ese mérito no es mío, sino suyo, de él, que una vez más se lo llevó consigo para liberarme con un "princesa, todo irá bien". También dejé de sentirme sola cuando mi regreso a la vida supuso una alegría para muchísima más gente de la que esperaba. Y aunque aún me duele esa impasividad, esa frialdad, esa distancia, me quedo con lo mejor de cada cosa y con la gente que reaccionó y fue en mi ayuda. 
Siguiendo con lo que te conté la última vez, Él sigue a mi lado, demostrándome que esa mayúscula en su pronombre no es en balde, que es quién la merece, que es el de verdad. Ha aguantado lo inaguantable y aún así, mírale, mira como me sonríe cada vez que me ve. También me he llevado enormes decepciones aún habiendo aprendido a hacer más selecta mi lista de prioritarios, pero supongo que es parte del camino de aprender. ¿Recuerdas aquella pequeña familia de la que te hablé? Cada día la llevo más en vena, más dentro de mi, más conmigo. Cada vez que necesito algo más me demuestran que no estoy sola, se lo agradeceré de tu parte.
Sigo en mi intento de escribir, como me dijiste, todo lo que me pasaba. Reconozco que cada día lo hago menos, que últimamente me faltan las palabras o las ganas, no sé, pero prometo no desistir.
Hasta otra, alma mía, conciencia, fondo.

viernes, 26 de octubre de 2012

R.

He de reconocer que no, no estoy sola. En realidad mi compañía es de primerísima calidad y agradezco que, tras conocerme como me conocen, sigan a mi lado.
Pero me sigue faltando algo. Me sigue faltando ese algo que exponía mis problemas en tres, que daba tres puntos de vista, que me daba tres soluciones. No puedo evitar que cada fotografía antigua, incluso la que tengo en mi estantería mirándome continuamente, me sienten como una bofetada en plena cara. Es como si me dijesen "mira, es bonito ¿verdad? Pues tú ya no cabes". Busco culpables por todos lados y simplemente me doy cuenta de que la culpa es de todas las partes. Todas dejamos que el tiempo pasase, pensando que no podría con esto, inconscientes de que el tiempo puede con todo.
Ahora no me queda otra que ver como pasa el tiempo y esperar a que esta herida se cierre, aún sabiendo que las heridas si no se tratan no se curan, si no que se infectan. 
Yo misma en mis momentos de máximo orgullo digo que lo he superado, que te he superado, que sé vivir sin ti. Pero en verdad nadie sabe que todos los días dedico un rato a pensar en cómo serían las cosas si no hubiésemos fallado tanto, si nos hubiesemos dado una última oportunidad, si aún existiesemos como parte de algo. Es entonces cuando las lágrimas empiezan a correr veloces por mi cara y acaban en el cristal que protege nuestra foto.
Dije "yo no estaré aquí cuando todo esto estalle" y en realidad habría dado lo que fuese por ser tu trinchera, por estar contigo una vez más. 
Sé que te he perdido, y aún más que no leerás esto. Sé que esto acabó hace demasiado tiempo y que en realidad ya tendría que haberme acostumbrado. Sé que eres feliz y créeme que me alegro de que así sea. Pero sobretodo sé que aunque toda la gente que día a día intenta mantenerme a flote es magnifica, nadie, nadie ocupará el puesto que tú ocupaste. Nadie puede ser la otra cara de mi moneda.
Me siento idiota volviendo a romper a llorar una vez más. La gente dijo que era idiota por esperarte, yo me siento así por un día haberte dejado ir. Te pido disculpas, te pido que me perdones.
Y si por casualidad leyeses esto, y si por casualidad te hubiese provocado algún sentimiento todavía, te confieso tan solo un saludo tuyo, que tan solo un primer paso tuyo sería necesario para que yo hiciese el resto, para que hiciese borrón y cuenta nueva, para que tú y yo volviesemos a empezar. 
De todos modos, espero que no se te haya olvidado, que te quiero.

lunes, 15 de octubre de 2012

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Este pequeño cuadro dentro de mi pequeño universo me proporcionó durante meses la escapatoria y la manera de expresarme que yo necesitaba. Me resultaba casi extraña la facilidad con la que cara a cara no sabía y una vez aquí era capaz de decir una por una todas las cosas que pasaban por mi mente. Me gustaba hacerlo y qué se yo, creí que se me daba bien.
Ahora me planto delante de él y me da miedo. Me da miedo lo enorme que me parece y el hecho de tener que llenarlo con lo que tengo en la cabeza. Tiemblo y no hago más que borrar lo ya escrito. Al final me acaba dando por llorar. Una interminable sucesión de lágrimas que no tienen sentido ni explicación. Siento que este pequeño espacio me pregunta qué me pasa y que, aunque durante todo este tiempo le habría respondido párrafos y párrafos sintiendo que casi salía solo, ahora no soy capaz de responder más allá de un "no sé". 
Siempre me había sentido muy orgullosa de todo lo que escribía. Era mi gran obra y quería que algún día la leyese todo el mundo. A día de hoy todo lo que sale de mis manos acaba en la basura, o siendo borrado. Respiro varias veces para no hacer lo mismo con este puñado de lineas y pienso al mismo tiempo que no sé cómo terminar.
Casi me sale pedir disculpas. Perdón por haber podido hacer lo que se esperaba de mi. Perdón por no saber ya qué decir. Perdón por haber olvidado enlazar las palabras unas con otras. Perdón a quienes confiaron en mis palabras, perdón.

domingo, 14 de octubre de 2012

Sense tu jo no puc.

Si no estas aqui, si no estas amb mi
Jo no et puc mirar,
Jo no et put sentir.
Si no estas aqui, si no estas amb mi,
Jo no et puc tocar,
Jo no et puc besar.

viernes, 12 de octubre de 2012

#9

Dicen que la felicidad es una de esas cosas que encuentras cuando dejas de buscarla. Como esa camiseta que aparece en el fondo de tu armario cuando ya te has puesto otra. Como esa idea genial con los amigos que se os ocurre cuando ya estáis volviendo a casa. 
Y creo que quien dice eso tiene toda la razón del mundo. Yo pasé semanas, meses corriendo detrás de la felicidad, intentando alcanzarla. Creo que llevo toda la vida en esa carrera. Hasta que lo vi tan por imposible que decidí dejar de correr y empezar a pensar que esto era lo que había, que no estaba de Dios que yo fuese feliz aún. Y justo en ese instante, en el momento en el que asumí eso, se cumplió la mirada un millón en el contador de nuestra historia. Uno, cero, cero, cero. Y las puntas de mis dedos tocaron esa efímera, abstracta, increíble y maravillosa sensación que es la felicidad.
De eso hace ya diez meses y tres días. ¿Creéis que en algún momento de todos esos he dejado de ser feliz? No. He estado asustada, he estado angustiada, he estado perdida, he estado bajo mínimos. Pero cuando me paraba a pensar que dentro de todos los problemas que simultáneamente se estaban produciendo en mi vida, siempre estabas tú. Me cogías, me arrancabas de todos esos problemas y me drenabas la felicidad en vena con una mirada, con una sonrisa y con un "todo irá bien". 
Al principio diría que tocaba la felicidad con las puntas de los dedos, o con las palmas de las manos quizá. Ahora sé que la felicidad baña cada centímetro de mi cuerpo, de mi existencia. Y lo confieso, es únicamente culpa tuya. Sólo tú fabricas esta felicidad y supongo que es normal que cuando alguien es feliz quiera serlo para siempre ¿no? Pues eso, hagámonos felices toda la vida.