lunes, 5 de noviembre de 2012

Sueño para dos.

Las luces de un viejo coche descapotado iluminan al llegar esa pequeña cala. 
Dentro, dos jóvenes enamorados, locos por estar tan solo juntos, sonríen y se miran con amor. Bajan del vehículo y sacan una cesta de esas de picnik y una enorme sábana blanca. Se aproximan a la orilla y cuando extienden la manta, colocan la cesta y encienden la vela, vuelven y apagan las luces del coche. 
Cenan a la luz de esa única vela que les apenas ilumina sus sonrisas. Beben champagne y comen casero a la vez que se ríen, se besan y brindan por ellos mismos, por su amor y por esa cala. 
Después de cenar se acurrucan a mirar las estrellas y cuando ella le señala la que tiene por la lucecita más preciosa, él responde que ni la mismisima Venus está esa noche tan preciosa como ella y como por arte de magia, del coche aún a oscuras, empezaría a sonar esa canción. No una canción, su canción.
Tal y como la letra dicta, él y ella bailan corazón con corazón en la orilla de la playa. Acurrucada en el pecho de él, ella escucha la versión que más le gusta de esa melodía, la que él le canta al oído entre susurros. Tras el último compás de su canción, pasearían por la orilla de la playa donde ella le confesaría que nadie, nadie le ha hecho tan feliz como él en ese momento. Sin dejar de rodear los hombros de ella y la cintura de él, volverían a tumbarse en la sábana y aunque ninguno de los dos lo dice en voz alta, al apagar la vela ambos piden por deseo que nunca se acabase ese momento. 
Hablarían de lo felices que son hasta que, sorprendiéndola a ella, él se levanta y le hace levantarse también. Se arrodilla y le pide que eso sea para siempre, que se quede con él toda la vida, que se casen. Ella no tiene ninguna duda y responde siendo la mujer más feliz del mundo que si, que si quiere. 
Para terminar, se tumbarían de nuevo en la sábana sobre la arena, acurrucándose ella en su pecho y acariciándole mientras él juguetea con su pelo hasta quedarse dormidos dándose las buenas noches tanto a la princesa de él, como al príncipe de ella. 

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