Resopló, apoyó la cabeza en la vieja pared de ladrillo y allí, sentada en la acera de una calle que nada tenía de importante, lo confesó todo.
"Ha sucedido de nuevo. Me he engañado. Me las he dado de lista y en realidad sigo siendo la misma tonta de siempre. La misma que hace dieciséis años se meaba en los pañales y se pringaba comiendo. Creo que no he aprendido nada desde entonces.
Y hoy me han vuelto a dar una bofetada de esas que te ponen en tu sitio, y mi sitio está muy, muy por debajo del subsuelo. -Eres la última mierda, ¿qué coño pretendes poder arreglar en el mundo si no puedes ni siquiera poner en orden tu ideas? Das penica-. Si, ese sería el mensaje si las lecciones de la vida vinieran con guión, pero no vienen, y no las ves venir.
Creí tener respuestas para al menos esto, para estas cuatro paredes, para este puto juego que más parece una versión mala de Gran Hermano. Pero a la vista está que no.
No tendría que sorprenderme. Tras mil fracasos, el siguiente solo marca una cifra más. Pero supongo que también hay cierto número de fracasos que cambian las cosas. Y esto me ha servido para ver lo que se me viene encima. Para ver que nunca seré capaz de llevar las riendas de mi vida, que seguiré necesitando esconderme en las faldas de mi madre cada vez que se avecine tormenta, que lloraré como llevo haciendo toda la vida cada vez que las cosas no salgan a mi antojo. Ha servido para darme cuenta de que la inutilidad, la dependencia, y la necesidad de que lo hagan todo por mi, será lo que me lleven a no conseguir mis sueños.
Suena triste, lo sé. Pero supongo que hay gente para todo. Gente para estar arriba, gente para estar abajo, gente para mandar, gente para ser mandada, gente capaz, y gente como yo."
Y tras aquella confesión, ya con la cara empapada en lágrimas y el cuerpo temblando ante el miedo que le causaba la verdad, se sintió increíblemente perdida.
miércoles, 6 de febrero de 2013
Alba Valerdi.
Algunos dicen que es problem de autoestima, pero yo creo que es problema de exceso de auto conocimiento. Me miro al espejo y veo esa pequeña e insignificante parte de la vida de la gente que resulta prescindible. Siempre ha sido ha sido a si, siempre he sabido que sería lo último que la gente arriesgaría para salvar lo demás. Pero luego, entre otras pocas, poquísimas personas, pienso en ella.
Pienso en la persona que desde un primer momento me enseño que todo era posible, que corrió conmigo calle abajo, descalzas, para dejar el mundo y a todos detrás. La que se echó al hombro una mochila un domingo de primavera para que ese fuese nuestro día. La que no admitía un "no es nada" por respuesta cuando fingía estar bien. La que vino a verme cuando yo no podía salir y las paredes se me caían encima. La que no me dejó atrás solamente por no salir de noche o vivir siempre castigada. La que me dijo que aún sin siglas, sin promesas, sin cuatro ruedas, ni triciclos, ni nada, siempre estaría a mi lado. La que respondió a todas mis llamadas de Socorro y me hizo viajar al otro lado del globo, a un lugar donde todo es idílico, donde los días duran cuarenta y ocho horas, un lugar que quedara siempre en un puesto especial en mi vida. La que entendió siempre mi necesidad de salir volando, de crecer en la vida, de ser alguien, de salir de aquí.
Ella me enseño que quien dijo que los amigos no tienen que verse todos los días, si no poder no verse sin olvidarse, tenía a veces razón.
Ella es, sin lugar a dudas, una de las personas más extraordinarias que jamás he conocido, y por eso, si hoy le declarase la guerra al mundo, yo sacaría mis armas y me iría con ella.
Nunca creí ser relevante en la vida de nadie, nunca creí ser suficiente como para que alguien, y más alguien como ella quisiese definirme como su amiga, pero entre todas las lecciones que me ha dado, la más importante para mi es que siempre podré contar con Alba Valerdi.
Pienso en la persona que desde un primer momento me enseño que todo era posible, que corrió conmigo calle abajo, descalzas, para dejar el mundo y a todos detrás. La que se echó al hombro una mochila un domingo de primavera para que ese fuese nuestro día. La que no admitía un "no es nada" por respuesta cuando fingía estar bien. La que vino a verme cuando yo no podía salir y las paredes se me caían encima. La que no me dejó atrás solamente por no salir de noche o vivir siempre castigada. La que me dijo que aún sin siglas, sin promesas, sin cuatro ruedas, ni triciclos, ni nada, siempre estaría a mi lado. La que respondió a todas mis llamadas de Socorro y me hizo viajar al otro lado del globo, a un lugar donde todo es idílico, donde los días duran cuarenta y ocho horas, un lugar que quedara siempre en un puesto especial en mi vida. La que entendió siempre mi necesidad de salir volando, de crecer en la vida, de ser alguien, de salir de aquí.
Ella me enseño que quien dijo que los amigos no tienen que verse todos los días, si no poder no verse sin olvidarse, tenía a veces razón.
Ella es, sin lugar a dudas, una de las personas más extraordinarias que jamás he conocido, y por eso, si hoy le declarase la guerra al mundo, yo sacaría mis armas y me iría con ella.
Nunca creí ser relevante en la vida de nadie, nunca creí ser suficiente como para que alguien, y más alguien como ella quisiese definirme como su amiga, pero entre todas las lecciones que me ha dado, la más importante para mi es que siempre podré contar con Alba Valerdi.
lunes, 14 de enero de 2013
Toma aire, vuela.
En un momento de distracción en clase, miras al cielo y te das cuenta de que su color azul es igual de añil por muy negro que tú veas el futuro o muy grises que sientas los días.
Y piensas.
Piensas en que sería muy sencillo ser uno de esos pájaros que vuelan sin más preocupación que cazar algún algo de comer y resignados a saber que morirán siendo presa de un animal más grande.
Pero no tines alas, ni plumas, en cambio tienes una cabeza poco organizada, un puñado de ideas en la cabeza y un miedo atroz a ver pasar tu vida y que todos tus sueños no lleguen a ser más que eso, sueños.
Y respiras.
Respiras porque sabes que es inevitable sentir todas esas cosas, sabes que se te comerán los gusanos con muchas ideas y muchos sueños aún en el tintero, sabes que nunca tendrás la cabeza organizada. Pero te sientes bien. Sabes que aún tienes la oportunidad de hacer posible lo imposible, de equivocarte, de reírte de tus errores, de soñar despierta, de vivir, de morir de amor, de llorar de la risa y reírte de las lágrimas, de correr, de parar y de cambiar el rumbo.
Nunca podremos dejar de mirar al cielo y sentirnos libres, capaces, únicos, seguros, Porque como dijo William Shakespeare, "estamos hechos de la misma materia que los sueños".
Y aunque eso no significa que no caeremos, sufriremos, lloraremos y nos sentiremos perdidos; podremos conseguirlo.
Porque igual que en una bandada de pájaros, cuando el líder se siente exhausto otro lo releva, tu tampoco estarás nunca sola, y aunque quizá haya gente que siga volando sin ti, siempre tendrás un par pájaros a tu lado que te digan "estaré siempre contigo", "todo es posible".
Y piensas.
Piensas en que sería muy sencillo ser uno de esos pájaros que vuelan sin más preocupación que cazar algún algo de comer y resignados a saber que morirán siendo presa de un animal más grande.
Pero no tines alas, ni plumas, en cambio tienes una cabeza poco organizada, un puñado de ideas en la cabeza y un miedo atroz a ver pasar tu vida y que todos tus sueños no lleguen a ser más que eso, sueños.
Y respiras.
Respiras porque sabes que es inevitable sentir todas esas cosas, sabes que se te comerán los gusanos con muchas ideas y muchos sueños aún en el tintero, sabes que nunca tendrás la cabeza organizada. Pero te sientes bien. Sabes que aún tienes la oportunidad de hacer posible lo imposible, de equivocarte, de reírte de tus errores, de soñar despierta, de vivir, de morir de amor, de llorar de la risa y reírte de las lágrimas, de correr, de parar y de cambiar el rumbo.
Nunca podremos dejar de mirar al cielo y sentirnos libres, capaces, únicos, seguros, Porque como dijo William Shakespeare, "estamos hechos de la misma materia que los sueños".
Y aunque eso no significa que no caeremos, sufriremos, lloraremos y nos sentiremos perdidos; podremos conseguirlo.
Porque igual que en una bandada de pájaros, cuando el líder se siente exhausto otro lo releva, tu tampoco estarás nunca sola, y aunque quizá haya gente que siga volando sin ti, siempre tendrás un par pájaros a tu lado que te digan "estaré siempre contigo", "todo es posible".
lunes, 17 de diciembre de 2012
Mi mamá.
Para mi, este 21 de Diciembre no es importante por ninguna profecía maya, no por ningún evento escolar. No. Para mi, este 21 es tan importante como los demás 21 de Diciembre porque es el cumpleaños de la persona que más quiero del mundo entero.
Ella, que me dijo que no tuviese miedo de pequeña, que no importaba que no fuese como todas las demás niñas. Ella, que me acunó cuando no podia dormir. Ella, que me quitó el pelo de la cara y me dijo que fuese fuerte. Ella, que me apoyó en todas las tonterías que me hacían feliz. Ella, que me cubrió las espaldas contra profesores, compañeros, adversidades, problemas. Ella, que siempre supo responder todas mis dudas y servirme como ejemplo. Ella, que hizo de confidente mío a pesar de que eso pudiese causarle algún problema. Ella, que me cogió de la mano cada primer día y me dijo que yo podía, que estaba muy orgullosa de mi. Ella, que nunca me ha fallado. Ella, que en su día le dije "no te vayas, no puedo sin ti" y se quedó.
Y por un millón de cosas más, por ser la persona que más admiro, que más quiero y que más necesito en esta vida, es por lo que este 21 de Diciembre será igual de especial que todos los demás.
Supongo que todos entenderéis que el amor a una madre es superior a cualquier cosa del mundo pero lo que no se sí sabréis lo que es, es sentirse tan increíblemente orgullosa de que ella sea mi madre que pase lo que pase, ella siempre estará primero.
Gracias por querer a esta niña insoportable, por aguantar todas mis tonterías, por quererme y nunca dejarme sola.
Te quiero muchísimo y te querré hasta siempre, mamá.
Ella, que me dijo que no tuviese miedo de pequeña, que no importaba que no fuese como todas las demás niñas. Ella, que me acunó cuando no podia dormir. Ella, que me quitó el pelo de la cara y me dijo que fuese fuerte. Ella, que me apoyó en todas las tonterías que me hacían feliz. Ella, que me cubrió las espaldas contra profesores, compañeros, adversidades, problemas. Ella, que siempre supo responder todas mis dudas y servirme como ejemplo. Ella, que hizo de confidente mío a pesar de que eso pudiese causarle algún problema. Ella, que me cogió de la mano cada primer día y me dijo que yo podía, que estaba muy orgullosa de mi. Ella, que nunca me ha fallado. Ella, que en su día le dije "no te vayas, no puedo sin ti" y se quedó.
Y por un millón de cosas más, por ser la persona que más admiro, que más quiero y que más necesito en esta vida, es por lo que este 21 de Diciembre será igual de especial que todos los demás.
Supongo que todos entenderéis que el amor a una madre es superior a cualquier cosa del mundo pero lo que no se sí sabréis lo que es, es sentirse tan increíblemente orgullosa de que ella sea mi madre que pase lo que pase, ella siempre estará primero.
Gracias por querer a esta niña insoportable, por aguantar todas mis tonterías, por quererme y nunca dejarme sola.
Te quiero muchísimo y te querré hasta siempre, mamá.
jueves, 13 de diciembre de 2012
P.
Yo quería dar la vuelta al mundo con una mochila y una cámara de fotos como único equipaje. Yo quería salir hasta que se hiciese de día donde nadie me conociese. Yo quería probar los más suculentos platos y beber de los más exquisitos brebajes. Yo quería subirme a unos tacones y mirar a los problemas por encima del hombro. Yo quería darle un bocado al mundo y dejarle la marca de mi pintalabios rojo. Yo quería guiñarle un ojo a aquellos que pensasen que lo que hacía estaba mal sabiendo que en realidad ser morían de la envidia. Yo quería salir de este sitio y volver a vivir en una ciudad anónima, donde nadie te pregunta quién eres ni le interesa si lloras por la calle. Yo quería tener la independencia metida en el bolsillo y sonreírle a la señora libertad.
¿Pero sabes qué? Que te cruzaste en mi camino. Decidiste darle la vuelta a absolutamente todos mis planes y a cambiar la estructura de mis deseos. Pero ¿cómo? Cómo has conseguido que, aparte de mi cámara de fotos, quiera llevarte conmigo a esos viajes que pensé que siempre haría sola. Cómo has hecho para que a quién quiera dejarle una marca de mi pintalabios rojo sea al filo de tus labios. Cómo has hecho para que ya me de igual donde vivir. Cómo. No lo sé, pero me gusta.
Es extraña la sensación de dependencia que sufro hacia tu persona. Es como si me hubiesen atado un fortísimo nudo al pecho y hubiesen usado el otro extremo para atarte a ti. Es como si hubiesen decidido que ya no necesito aire para vivir, si no sólo a ti. Es como si tuviese verdadera adicción al frenesí que siento cuando me besas. Es extraño, pero me gusta.
Y como cualquier dependiente, como cualquier adicto, no voy a dejarte ir. No voy a dejar de querer sentir ese frenético latido que emite mi corazón cuando me sumerjo en el verde pardo de tus ojos. No voy a querer dejar de chutarme tu cariño y beberme tus besos. No voy a dejarte ir. Nunca.
(Y como supongo que estarás leyendo esto a altas horas de la noche, después de un duro día, buenas noches principe)
¿Pero sabes qué? Que te cruzaste en mi camino. Decidiste darle la vuelta a absolutamente todos mis planes y a cambiar la estructura de mis deseos. Pero ¿cómo? Cómo has conseguido que, aparte de mi cámara de fotos, quiera llevarte conmigo a esos viajes que pensé que siempre haría sola. Cómo has hecho para que a quién quiera dejarle una marca de mi pintalabios rojo sea al filo de tus labios. Cómo has hecho para que ya me de igual donde vivir. Cómo. No lo sé, pero me gusta.
Es extraña la sensación de dependencia que sufro hacia tu persona. Es como si me hubiesen atado un fortísimo nudo al pecho y hubiesen usado el otro extremo para atarte a ti. Es como si hubiesen decidido que ya no necesito aire para vivir, si no sólo a ti. Es como si tuviese verdadera adicción al frenesí que siento cuando me besas. Es extraño, pero me gusta.
Y como cualquier dependiente, como cualquier adicto, no voy a dejarte ir. No voy a dejar de querer sentir ese frenético latido que emite mi corazón cuando me sumerjo en el verde pardo de tus ojos. No voy a querer dejar de chutarme tu cariño y beberme tus besos. No voy a dejarte ir. Nunca.
(Y como supongo que estarás leyendo esto a altas horas de la noche, después de un duro día, buenas noches principe)
Nueve.
Quiero que se nos junten los atardeceres con los amaneceres. Quiero levantarme a media noche, asustada por algún mal sueño y escuchar como me susurras al oído que estás a mi lado, que no pasa nada, y me acaricies hasta que me duerma. Quiero notar como me abrazas en sueños y te acurrucas en mi. Quiero notar tu respiración bajo mi pelo, y tu piel contra mi piel. Quiero mirar las estrellas por la ventana, tapados con una manta y ver tu piel al reflejo de la Luna. Quiero verte a ti lo primero cada mañana, con el pelo revuelto, con tu carita de sueño y los ojos medio cerrados. Quiero que me veas desarreglada y en pijama y me digas que soy preciosa. Quiero que me cuentes que has soñado conmigo cada noche y que me prometas que esos sueños se van a hacer realidad algún día. Quiero pasar las mañanas entre las sábanas comiéndonos a besos. Quiero que ese sea nuestro sitio, sólo nuestro, y que el mundo de allí se quede fuera.
domingo, 2 de diciembre de 2012
El aniversario de un cambio.
Hoy, justo hoy, hace un año que estaba rodeada de un montón de gente importante para mi. Creo que es una de las unicas noches de las que puedo decir que no me sobró nadie, no me faltó nadie, estaban todos ellos, todos. Hoy hace un año que fue una noche que dudo llegue a olvidar en la vida.
La primera razón por la que no olvidaré el dos de Diciembre del año pasado fue que sentí que me clavaban un puñal enorme en el pecho. Todo, todo lo que pensábamos que sería para siempre, empezó esa noche a escribir una historia independiente. Después de aquel día, por mucho esfuerzo que se llegó a poner, nada, nada fue lo mismo. Y ¿sabéis qué? Daría lo que fuese por volver a ese día y hacerlo todo mejor, por controlar la situación, por tomar mejores decisiones, por no dejar sola ni un segundo a la persona que hasta la fecha era la más importante en mi vida. Pero no se pueden cambiar las cosas pasadas, tan sólo vivir con las consecuencias de nuestros actos y por eso yo vivo sin ti, por eso hoy estoy sin ti, y créeme que jamás me lo perdonaré.
La otra gran razón por la que esa fecha está marcado en rojo en el calendario fue porque, después de haberme quitado todo el peso del pasado y dispuesta a comerme el mundo por los pies, dispuesta a volver a ser aquella insensata a la que todo le daba igual, topé con algo que no esperaba. Estoy casi segura que hasta que no me vi intentando convencer a aquella chica de que él era increíblemente bueno, no me había molestado que surgiese algo entre ellos. Eran dos amigos, dos buenos amigos, ella una recién llegada a mi vida con gran importancia y él, directamente un punto básico en mi día a día. Pero cuando tuve que narrarle las mil veces en las que él me había sujetado la mano para no caer, en las que se había portado como un príncipe conmigo, en las que me había cuidado, algo comenzó a cambiar y, si, sé que egoístamente, pensé que ese era mi príncipe, antes mío que de cualquier otra y que si tan maravilloso era, ¿por qué no?
Ese día sé que perdí a alguien que a día de hoy no ha sido sustituida, y dudo que llegue a serlo jamás, y también sé que ese día gané algo, gané abrir los ojos a lo que tenía delante, darme cuenta de quién sostenía mi mano cada día y que quería que no dejase de hacerlo jamás.
Hoy hace un año estaba en un garaje viendo a mis amigos hacer el tonto, a mis amigas hacerse fotos, cantando fyahbwoy y sintiéndome viva de nuevo. Hoy hace un año que se marcó un antes y un después en mi vida.
Supongo que no todos los cambios van a ser siempre a mejor.
La primera razón por la que no olvidaré el dos de Diciembre del año pasado fue que sentí que me clavaban un puñal enorme en el pecho. Todo, todo lo que pensábamos que sería para siempre, empezó esa noche a escribir una historia independiente. Después de aquel día, por mucho esfuerzo que se llegó a poner, nada, nada fue lo mismo. Y ¿sabéis qué? Daría lo que fuese por volver a ese día y hacerlo todo mejor, por controlar la situación, por tomar mejores decisiones, por no dejar sola ni un segundo a la persona que hasta la fecha era la más importante en mi vida. Pero no se pueden cambiar las cosas pasadas, tan sólo vivir con las consecuencias de nuestros actos y por eso yo vivo sin ti, por eso hoy estoy sin ti, y créeme que jamás me lo perdonaré.
La otra gran razón por la que esa fecha está marcado en rojo en el calendario fue porque, después de haberme quitado todo el peso del pasado y dispuesta a comerme el mundo por los pies, dispuesta a volver a ser aquella insensata a la que todo le daba igual, topé con algo que no esperaba. Estoy casi segura que hasta que no me vi intentando convencer a aquella chica de que él era increíblemente bueno, no me había molestado que surgiese algo entre ellos. Eran dos amigos, dos buenos amigos, ella una recién llegada a mi vida con gran importancia y él, directamente un punto básico en mi día a día. Pero cuando tuve que narrarle las mil veces en las que él me había sujetado la mano para no caer, en las que se había portado como un príncipe conmigo, en las que me había cuidado, algo comenzó a cambiar y, si, sé que egoístamente, pensé que ese era mi príncipe, antes mío que de cualquier otra y que si tan maravilloso era, ¿por qué no?
Ese día sé que perdí a alguien que a día de hoy no ha sido sustituida, y dudo que llegue a serlo jamás, y también sé que ese día gané algo, gané abrir los ojos a lo que tenía delante, darme cuenta de quién sostenía mi mano cada día y que quería que no dejase de hacerlo jamás.
Hoy hace un año estaba en un garaje viendo a mis amigos hacer el tonto, a mis amigas hacerse fotos, cantando fyahbwoy y sintiéndome viva de nuevo. Hoy hace un año que se marcó un antes y un después en mi vida.
Supongo que no todos los cambios van a ser siempre a mejor.
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