lunes, 17 de diciembre de 2012

Mi mamá.

Para mi, este 21 de Diciembre no es importante por ninguna profecía maya, no por ningún evento escolar. No. Para mi, este 21 es tan importante como los demás 21 de Diciembre porque es el cumpleaños de la persona que más quiero del mundo entero.
Ella, que me dijo que no tuviese miedo de pequeña, que no importaba que no fuese como todas las demás niñas. Ella, que me acunó cuando no podia dormir. Ella, que me quitó el pelo de la cara y me dijo que fuese fuerte. Ella, que me apoyó en todas las tonterías que me hacían feliz. Ella, que me cubrió las espaldas contra profesores, compañeros, adversidades, problemas. Ella, que siempre supo responder todas mis dudas y servirme como ejemplo. Ella, que hizo de confidente mío a pesar de que eso pudiese causarle algún problema. Ella, que me cogió de la mano cada primer día y me dijo que yo podía, que estaba muy orgullosa de mi. Ella, que nunca me ha fallado. Ella, que en su día le dije "no te vayas, no puedo sin ti" y se quedó.
Y por un millón de cosas más, por ser la persona que más admiro, que más quiero y que más necesito en esta vida, es por lo que este 21 de Diciembre será igual de especial que todos los demás.
Supongo que todos entenderéis que el amor a una madre es superior a cualquier cosa del mundo pero lo que no se sí sabréis lo que es, es sentirse tan increíblemente orgullosa de que ella sea mi madre que pase lo que pase, ella siempre estará primero.
Gracias por querer a esta niña insoportable, por aguantar todas mis tonterías, por quererme y nunca dejarme sola. 
Te quiero muchísimo y te querré hasta siempre, mamá. 

jueves, 13 de diciembre de 2012

P.

Yo quería dar la vuelta al mundo con una mochila y una cámara de fotos como único equipaje. Yo quería salir hasta que se hiciese de día donde nadie me conociese. Yo quería probar los más suculentos platos y beber de los más exquisitos brebajes. Yo quería subirme a unos tacones y mirar a los problemas por encima del hombro. Yo quería darle un bocado al mundo y dejarle la marca de mi pintalabios rojo. Yo quería guiñarle un ojo a aquellos que pensasen que lo que hacía estaba mal sabiendo que en realidad ser morían de la envidia. Yo quería salir de este sitio y volver a vivir en una ciudad anónima, donde nadie te pregunta quién eres ni le interesa si lloras por la calle. Yo quería tener la independencia metida en el bolsillo y sonreírle a la señora libertad.
¿Pero sabes qué? Que te cruzaste en mi camino. Decidiste darle la vuelta a absolutamente todos mis planes y a cambiar la estructura de mis deseos. Pero ¿cómo? Cómo has conseguido que, aparte de mi cámara de fotos, quiera llevarte conmigo a esos viajes que pensé que siempre haría sola. Cómo has hecho para que a quién quiera dejarle una marca de mi pintalabios rojo sea al filo de tus labios. Cómo has hecho para que ya me de igual donde vivir. Cómo. No lo sé, pero me gusta. 
Es extraña la sensación de dependencia que sufro hacia tu persona. Es como si me hubiesen atado un fortísimo nudo al pecho y hubiesen usado el otro extremo para atarte a ti. Es como si hubiesen decidido que ya no necesito aire para vivir, si no sólo a ti. Es como si tuviese verdadera adicción al frenesí que siento cuando me besas. Es extraño, pero me gusta.
Y como cualquier dependiente, como cualquier adicto, no voy a dejarte ir. No voy a dejar de querer sentir ese frenético latido que emite mi corazón cuando me sumerjo en el verde pardo de tus ojos. No voy a querer dejar de chutarme tu cariño y beberme tus besos. No voy a dejarte ir. Nunca.
(Y como supongo que estarás leyendo esto a altas horas de la noche, después de un duro día, buenas noches principe)

Nueve.

Quiero que se nos junten los atardeceres con los amaneceres. Quiero levantarme a media noche, asustada por algún mal sueño y escuchar como me susurras al oído que estás a mi lado, que no pasa nada, y me acaricies hasta que me duerma. Quiero notar como me abrazas en sueños y te acurrucas en mi. Quiero notar tu respiración bajo mi pelo, y tu piel contra mi piel. Quiero mirar las estrellas por la ventana, tapados con una manta y ver tu piel al reflejo de la Luna. Quiero verte a ti lo primero cada mañana, con el pelo revuelto, con tu carita de sueño y los ojos medio cerrados. Quiero que me veas desarreglada y en pijama y me digas que soy preciosa. Quiero que me cuentes que has soñado conmigo cada noche y que me prometas que esos sueños se van a hacer realidad algún día. Quiero pasar las mañanas entre las sábanas comiéndonos a besos. Quiero que ese sea nuestro sitio, sólo nuestro, y que el mundo de allí se quede fuera. 

domingo, 2 de diciembre de 2012

El aniversario de un cambio.

Hoy, justo hoy, hace un año que estaba rodeada de un montón de gente importante para mi. Creo que es una de las unicas noches de las que puedo decir que no me sobró nadie, no me faltó nadie, estaban todos ellos, todos. Hoy hace un año que fue una noche que dudo llegue a olvidar en la vida.
La primera razón por la que no olvidaré el dos de Diciembre del año pasado fue que sentí que me clavaban un puñal enorme en el pecho. Todo, todo lo que pensábamos que sería para siempre, empezó esa noche a escribir una historia independiente. Después de aquel día, por mucho esfuerzo que se llegó a poner, nada, nada fue lo mismo. Y ¿sabéis qué? Daría lo que fuese por volver a ese día y hacerlo todo mejor, por controlar la situación, por tomar mejores decisiones, por no dejar sola ni un segundo a la persona que hasta la fecha era la más importante en mi vida. Pero no se pueden cambiar las cosas pasadas, tan sólo vivir con las consecuencias de nuestros actos y por eso yo vivo sin ti, por eso hoy estoy sin ti, y créeme que jamás me lo perdonaré.
La otra gran razón por la que esa fecha está marcado en rojo en el calendario fue porque, después de haberme quitado todo el peso del pasado y dispuesta a comerme el mundo por los pies, dispuesta a volver a ser aquella insensata a la que todo le daba igual, topé con algo que no esperaba. Estoy casi segura que hasta que no me vi intentando convencer a aquella chica de que él era increíblemente bueno, no me había molestado que surgiese algo entre ellos. Eran dos amigos, dos buenos amigos, ella una recién llegada a mi vida con gran importancia y él, directamente un punto básico en mi día a día. Pero cuando  tuve que narrarle las mil veces en las que él me había sujetado la mano para no caer, en las que se había portado como un príncipe conmigo, en las que me había cuidado, algo comenzó a cambiar y, si, sé que egoístamente, pensé que ese era mi príncipe, antes mío que de cualquier otra y que si tan maravilloso era, ¿por qué no? 
Ese día sé que perdí a alguien que a día de hoy no ha sido sustituida, y dudo que llegue a serlo jamás, y también sé que ese día gané algo, gané abrir los ojos a lo que tenía delante, darme cuenta de quién sostenía mi mano cada día y que quería que no dejase de hacerlo jamás.
Hoy hace un año estaba en un garaje viendo a mis amigos hacer el tonto, a mis amigas hacerse fotos, cantando fyahbwoy y sintiéndome viva de nuevo. Hoy hace un año que se marcó un antes y un después en mi vida.
Supongo que no todos los cambios van a ser siempre a mejor.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Ohana significa familia, y familia que estaremos juntos siempre

Aún recuerdo qué pensé de ella cuando la vi por primera vez. Pensé  "¿Quién será esta chica? Qué rara". En aquellos bancos de aquella diminuta iglesia, a diferencia del barullo que montábamos nosotros, ella rezumaba paz. Estaba realmente tranquila y eso me llevó a pensar que no sabría cómo hacer buenas migas con ella, yo, que soy un terremoto. 
Pero ya había escuchado antes eso de que las apariencias engañan y debí de pensar en ello durante aquellas siete semanas porque cuando aquellas catequesis acabaron y nos fuimos a aquel bonito hotel,  me di cuenta de que tranquila, aquella chica rubia tenía poco. En quince minutos ya nos había contado su historia, una peculiar historia que nos acercó muchísimo. 
El resto del fin de semana lo pasamos sin separarnos ni un momento, y ese fue nuestro principio. 
Lo que físicamente y a priori psicológicamente parecía opuesto, ella y yo, resultamos ser cosas realmente parecidas. ¿Quién con apenas quince años ha organizado su propia revolución contra cosas como las matemáticas?, sólo un par de pequeñas soñadoras y escritoras. Sólo ella y yo. Sólo estas dos hermanas. Encontramos cómo gran cosa en común la facilidad, la necesidad, la pasión por la escritura. Y por eso es aquí, en mi rincón, donde dejo estas líneas dedicadas a aúna de las personas más curiosas, más nobles, más increíbles y más especiales que jamás me he cruzado.
Aún así, esto no lo escribía para contar nuestra historia. No. Esta noche me siento aquí y me pongo a escribir para hacer una promesa. Hoy, 23 de Noviembre, prometo a María García Martínez dos cosas. La primera es que pensaré, lucharé, intentaré y haré todo, todo lo que esté en mi mano para que recuperes lo que te mereces, tu comunidad y a eso que te saca esas sonrisitas tan graciosas. En serio, haré lo que haga falta, cueste lo que cueste, te lo debo, por todo lo que hiciste por mi cuando pase por lo mismo. Y lo segundo es que en el tiempo que tengas que estar pasando por esto, que nadie mejor que yo se que se hace eterno, que las lágrimas se suceden de forma constante y que muchas veces no ves la salida, durante todo ese tiempo, siempre, siempre que me necesites estaré al otro lado de la pantalla del ordenador o a dos minutos corriendo si algún día me lo pidieses. 
Esas son mis promesas, y son promesas a una hermana, son promesas que pienso cumplir.
Y para acabar decirte que cuando te sientas sola, cuando creas que ya no puedes más, mira al cielo y piensa que por muy lejos que nos sientas a todos, nosotros también estaremos viendo la misma Luna.
Te quiero hermana.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Adiós.

Por un momento le gustaría ser fumadora para sentir esa supuesta tranquilidad que aporta darle continuas caladas a un cigarrillo, o tener una botella de algo demasiado fuerte cerca para poder ahogar en ella sus penas, pero sabe que esto es algo que tiene que hacer ella sola.
Se sienta en la cama y uno por uno, piensa en todos los momentos vividos hasta la fecha. Piensa en todo lo bueno y en lo fácil que sería dejarse guiar por ellos, pero también se da cuenta de que la realidad es otra y que no puede mantener idealizada a una persona que no tiene por seguro ni que se acuerde de los momentos en los que ella está pensando. Sin darse cuenta ya está llorando y siente hasta algo de miedo. Quizá miedo a no volver a ser para nadie lo que fue para esa persona, o que nadie sea lo que esa persona fue para ella. Tiene miedo a que, aunque en realidad lo lleva haciendo más de un año, vivir prescindiendo oficialmente de da persona le aleje de las posibles posibilidades que tenga de recuperarla. Pero sabe que ya no tiene otra. No puede pasarse toda la vida esperando algo lo cual todas las señales posibles han dejado claro que no va ocurrir. No puede seguir creyendo que el tiempo no ha pasado y que esa persona sigue siendo la que conoció cuando a cada foto la reconoce menos.
Después de pensar todo esto, se seca las lágrimas de la cara, y siendo más simbólica que nunca, coge un folio y garabatea una pequeña despedida."Lo siento, siento no haber sido suficientemente buena como para que te quedases conmigo. Lo siento, siento haberme creído aquello de..." y para terminar, en letras mayúsculas escribe esa palabra de siete letras que en su día creyó. Después coge una caja de cerillas medio llena, se asoma por la ventana y tras encender una y pegarla al folio, ve arder muy poco a poco aquella despedida, aquel "siempre".

domingo, 11 de noviembre de 2012

Es lo que hay.

"No sonrías cuando no tengas ganas, no hace falta disimular que no te duele algo." No recuerdo cuándo ni de quién escuché esa frase, sólo sé que creí que estaba equivocado. 
Yo fui de las que dijeron que aparentar ser fuerte por fuera te acerca a ser fuerte por dentro, que si alguien conoce tus debilidades, sabrá donde darte para que duela más. Nunca dejé que la gente me conociese del todo, nunca me abrí como un libro dispuesta a ser leída, nunca permití que alguien supiese que me tenía calada aunque así fuese. Pretendí desde muy pequeña crear una imagen de mi que pudiese proyectar a todos. La chica que quise que todos conociesen es la que aún a día de hoy, la gente define cuando le preguntan por mi. Impasible, indestructible, irremediablemente terca, decidida, capaz... Siempre quise ser esa princesa que dejó la corona a cambio del casco de soldado, que se dejó las uñas en la tierra y los codos en el campo de batalla. Pero supongo que somos lo que somos y que bien sé que esa no soy yo.
A duras penas consigo saber cómo estoy escribiendo esto. Estoy dándole la vuelta a la tortilla y abriéndome como un manual de instrucciones, dispuesta a que la gente entienda cómo soy y aprendan a tratarme, a conocerme e, incluso, a hacerme daño. Yo soy la que todo, absolutamente todo lo que sucede en el mundo la afectaba, la que con un soplo se hunde, la que con unas cuantas palabras se destruye, soy la que se convence con un par de razones y la que nunca tiene las cosas claras, la que duda a cada paso, a cada sencilla decisión, indagando meticulosamente en qué repercusión puede tener ese acto en un futuro, la que es incapaz de llevar las riendas de su propia vida. Es así, y por mucho que intente, que intenten o que alguien intente cambiarlo, seré siempre esa que con la tierra mojada se sentía sucia y la que lloraba con un rasguño.